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Solo el 6 por ciento de los hombres en Europa han adoptado medidas de conciliación que suponen penalización económica

8 de marzo de 2023

Un estudio elaborado por profesores de las Facultades de Políticas y Sociología y de Económicas y Empresariales de la UNED concluye que, en Europa, solo el 6 % de los hombres con hijos menores de 15 años ha realizado un cambio laboral costoso que ha podido afectar tanto a su remuneración como a su carrera laboral, frente al 34 % de las mujeres, que han adoptado medidas tales como reducir la jornada o trabajar a tiempo parcial, llevar a cabo tareas menos exigentes o cambiar de trabajo para facilitar la conciliación de las vidas laboral y familiar. Estas grandes diferencias se dan en todos los países europeos, incluidos los nórdicos, más igualitarios en cuanto al género.  

OURENSE, 8 de marzo de 2023. El trabajo, publicado en la prestigiosa revista Gender, Work and Organization bajo el título de Caring fathers in Europe: Toward universal caregiver families? y enmarcado dentro del proyecto europeo Men in Care que lidera la profesora Teresa Jurado, propone una definición de “hombre que cuida” como un padre trabajador que, para satisfacer las necesidades de cuidado, ha adaptado su vida laboral de un modo que potencialmente conlleva una penalización económica, y analiza la prevalencia de hombres al cuidado entre los hombres que viven con hijos menores de 15 años en los 27 países de la Unión Europea más Islandia, Noruega, Suiza y el Reino Unido. Para ello, utiliza datos representativos recientes (la Encuesta de Población Activa Europea Europea, LFS, y su módulo ad hoc de 2018 sobre el equilibrio entre la vida laboral y familiar.  

Así, Cristina Castellanos, profesora de la Facultad de Económicas y Empresariales de la UNED y coautora del trabajo junto a los profesores Irina Fernández LozanoJuan Ignacio Martínez Pastor y la propia Teresa Jurado, destaca que “mientras que en Europa las cifras medias son del 34 % de las mujeres frente al 6 % de los hombres, en España, estas cifras serían del 26 % de mujeres y el 4’ 5 % de hombres, mientras que en Alemania son del 54 % y del 5’7 %, respectivamente, o del 9’8 % y el 4’5 % en Dinamarca, mostrando las relevantes diferencias según el tipo de Estado de bienestar”.   

 

Cada vez más, pero aún insuficientes 

La profesora matiza que, “aunque cada vez más, los hombres desafían la suposición de que el cuidado es una tarea femenina y se implican en el cuidado de niños y adultos dependientes, esto no tiene necesariamente consecuencias para su trabajo remunerado, ya que muy rara vez realizan adaptaciones costosas en su vida laboral”. Es decir, los hombres no están dispuestos mayoritariamente a hacer uso de los permisos si no están retribuidos entre un 80-100% de sus salarios y tampoco están dispuestos a hacer otras adaptaciones laborales costosas para poder disponer de más tiempo para cuidar a sus hijos en las siguientes etapas. "Los permisos intransferibles, totalmente remunerados y que se usan de forma autónoma son una palanca de cambio y de inicio al cuidado infantil y los padres los usan mayoritariamente", señala la experta.

Los que sí están dispuestos, responden a un perfil muy claro, tal y como expone Castellanos: “tienen una ocupación no manual (excluidos los directivos), tienen contratos temporales o son autónomos, están en pareja con mujeres que tienen empleos de 40 o más horas a la semana, tienen un alto nivel educativo, y trabajan en empresas favorables a la familia”.  

 Asimismo, a nivel de contexto, la prevalencia de los hombres que cuidan está claramente relacionada con la igualdad de género y los valores que imperan en cada país. “En los países nórdicos, más igualitarios en cuanto al género”, explica la investigadora, “los padres cuidadores se encuentran en más ocupaciones, en diferentes relaciones laborales y lugares de trabajo, e incluso en parejas en las que la disponibilidad de tiempo de las madres es relativamente alta”. Y sin embargo, “no encontramos pruebas de que ningún país haya alcanzado el modelo de cuidador universal propuesto por Nancy Fraser, incluidos aquellos con regímenes de género y bienestar más avanzados. Ser un padre cuidador está comparativamente más difundido allí, pero no es mayoritario ni equivalente a la proporción de madres cuidadoras”, concluye Castellanos. 

 ¿Y qué podemos hacer?  

Cristina Castellanos es muy clara en este sentido: “nuestra recomendación política es ampliar el tiempo de cuidado en general, para permitir un mejor y mayor cuidado de niños y ancianos, mediante incentivos públicos y normativas, y que se tenga una semana laboral de 30-35 horas sin reducción de salario. Los empresarios deben considerar que todos los trabajadores son cuidadores y que todos deberían tener una semana laboral más corta, además de que todos deben tener acceso a los servicios de cuidados. La evidencia muestra la necesidad de soluciones colectivas para conseguir dos bienes colectivos: una infancia bien cuidada y relaciones familiares igualitarias entre hombres y mujeres”. 

 “Abogamos”, concluye la profesora, “por diferentes políticas sociales y de empleo dentro de un cambio más amplio de nuestra economía política que incluya la modificación de las prácticas empresariales, la garantía de salarios mínimos elevados y el acceso a los servicios de cuidado. Si las instituciones no se vuelven más igualitarias entre hombres y mujeres, la gente tendrá que nadar contra corriente, y comportamientos igualitarios sólo serán posibles para una minoría de hombres profesionales bien remunerados en lugares de trabajo favorables a la familia o por cuenta propia que estén en pareja con mujeres que dispongan de elevados recursos absolutos y relativos. Para que la corresponsabilidad se amplíe a la sociedad general, y no se quede en grupos particulares de la población europea, se necesitan políticas generales de reducción de la jornada laboral sin reducción de sueldo, además de acceso universal a servicios de cuidado”. 

 

UNED OURENSE

Itziar Romera

Comunicación 

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