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Juan Pablo Rubio: "El conocimiento de la Paleografía es fundamental para mi investigación"

16 de abril de 2026

Este monje benedictino madrileño, que imparte docencia universitaria en Roma, fue uno de los alumnos del II Curso Avanzado de Paleografía que UNED Ourense celebró en el Archivo Histórico Provincial. Considera esta iniciativa "de gran utilidad para estudiantes de diversas disciplinas que desean acceder a documentos antiguos".

OURENSE, 16 de abril de 2026. Juan Pablo Rubio Sadia es natural de San Lorenzo de El Escorial (Madrid) y monje benedictino desde 1990. Entre los 10 y los 14 años fue miembro de la Escolanía de la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Ello le permitió conocer la vida monástica benedictina. Desde 2013 es profesor en el Pontificio Ateneo San Anselmo, la universidad de la Orden benedictina en Roma. Actualmente, reside en la Ciudad Eterna, pues también es Procurador General de la Congregación benedictina de Solesmes; es decir, la persona que hace de intermediario entre una congregación de monasterios benedictinos y los Dicasterios de la Santa Sede. En fin, que trata de armonizar la vida monástica con la docencia universitaria y la investigación litúrgica. El doctor Rubio Sadia estuvo en Ourense la semana pasada como alumno del II Curso Avanzado de Paleografía, que UNED Ourense celebró en las instalaciones del Archivo Histórico Provincial. Dom Juan Pablo Rubio Sadia, OSB, es hombre sabio, tranquilo, elegante en el hablar y en el estar.

-¿Por qué escogió este curso en UNED Ourense? ¿Cómo supo de él?

-Lo escogí porque combina dos ámbitos que me interesan especialmente, como son la paleografía y la cultura de los monasterios medievales. La información me llegó a través de la asignatura Paleografía y Diplomática de la UNED, que se imparte en el Grado de Lengua y Literatura españolas.

-Usted conoce bien la Paleografía, pero como la estudió en Italia, ¿supone ello algún problema al enfrentarse con esta disciplina en España?

-En efecto, estudié paleografía, diplomática y codicología en la Escuela Vaticana durante dos años. Fue una experiencia muy enriquecedora. Aunque es cierto que a veces me cuesta hacer el trasvase lingüístico de la terminología técnica. Debo decir también que en ese centro no se profundiza tanto en la escritura visigótica como solemos hacer en España y esto también fue un factor que me movió a venir al curso de Ourense.

-Como historiador e investigador de la liturgia medieval, ¿cuál o cuáles son sus líneas de trabajo? 

-Mi pasión ha sido, desde hace más de dos décadas, la transición del rito hispano-mozárabe al rito romano en la Península Ibérica en los siglos XI-XII; un tema que sigue fascinándome hoy. Coincide, además, con otras transiciones simultáneas, como son el paso de la escritura visigótica a la carolina y la implantación de la Regla de San Benito. Otra línea de mi investigación es la música litúrgica, en especial el canto gregoriano.

-¿Cómo podríamos definir la liturgia? A mí se me ocurre que es la oportunidad o el medio de saborear, con los cinco sentidos, el Misterio. Como si Dios se escondiese o hablase, mejor, a través del símbolo (colores, música, palabra, incienso, agua, ceniza, sagradas formas, vino, campanas...

-La liturgia es, efectivamente, un medio para experimentar el Misterio a través de los sentidos. La premisa fundamental de este planteamiento es que la liturgia no se compone únicamente de espacios, actores y palabras, sino también de todo aquello que pertenece a la esfera de los sentidos, que se manifiesta de forma privilegiada a través del arte en los objetos litúrgicos, las imágenes y las vestiduras. De ahí que en la actio litúrgica todos los sentidos sean convocados con el fin de favorecer el punto de encuentro entre el ser humano y Dios.

-¿En qué medida le ayuda el conocimiento de la Paleografía?

-El conocimiento de la Paleografía es fundamental para mi investigación, puesto que me permite leer, interpretar y contextualizar los manuscritos litúrgicos medievales. Además, imparto la asignatura de Paleografía latina en nuestra universidad romana, un curso centrado en las escrituras librarias y dirigido sobre todo a liturgistas.

-¿Qué le parece este curso de la UNED?

-Me parece una iniciativa muy interesante, porque permite profundizar en el conocimiento de la cultura gráfica medieval. Resulta de gran utilidad para estudiantes de diversas disciplinas que desean acceder a documentos antiguos. En este caso, además, se suma el acercamiento a la cultura monástica, que en nuestra sociedad puede ser un mundo muy desconocido.

-¿Ya conocía la UNED?

-Sí, claro. En la UNED cursé los tres primeros cursos de Filología Española en los años 90.

-Usted pertenece a la comunidad de la Abadía benedictina del Valle de los Caídos y trabaja en Roma, en el Pontificio Instituto Litúrgico de San Anselmo. 

-Los benedictinos quedamos vinculados para siempre a la comunidad en la que realizamos nuestra profesión monástica, lo que se conoce como «los votos». En mi caso, es la Abadía de la Santa Cruz, perteneciente al municipio de San Lorenzo de El Escorial. El Abad Primado de la Confederación Benedictina, que tiene su curia en San Anselmo, me mandó trasladarme a Roma para ejercer como docente de nuestra universidad. Ello no implica desvincularme de mi comunidad. Actualmente, vivo en Roma y en Madrid. En Roma durante el curso académico y en Madrid durante las vacaciones.

-¿Conocía Ourense?

-He venido a Ourense por motivos de investigación, siempre al Archivo de la Catedral para consultar algunos códices litúrgicos. Es una ciudad encantadora y con un patrimonio extraordinario. De esta ocasión, me llevo un recuerdo muy grato del Archivo Histórico Provincial y de sus fondos. Desde luego, espero volver.

-¿En la Abadía lleva a cabo también labor docente e investigadora?

-En la Abadía del Valle no me falta el trabajo. Siempre se puede echar una mano en la biblioteca, en la ayuda a algún hermano que está haciendo algún trabajo universitario y también en la música de nuestras celebraciones litúrgicas, en las que suelo hacer de organista. En fin, se trata de vivir el clásico ora et labora.

-¿Qué aficiones tiene un monje benedictino y académico como usted?

-Mis dos aficiones principales son los paseos por la montaña y la visita a archivos para consultar códices litúrgicos medievales. Desde que vivo en Roma, valoro mucho más encontrarme con la familia y con los amigos.

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