
OURENSE, 6 de marzo de 2026. Finalizaron las Jornadas de Historia Contemporánea y del Tiempo Presente organizadas por el grupo de investigación HC1 y el grupo de innovación docente I2DH de la Facultad de Historia de Ourense conjuntamente con UNED Ourense. Esta cita académica anual goza de una larga tradición dentro del panorama historiográfico gallego. En esta ocasión, con motivo de celebrarse los 90 años de la guerra civil española, fueron tratados diversos aspectos como la violencia, la movilización y el exilio.
"Sabemos del ruido que, en la realidad virtual y manipulada, en el imperio del bulo y de la falsedad, causa hablar de la Guerra Civil española. Como historiadores debemos afrontar esta cuestión con la honestidad y el rigor propios de nuestro oficio, lejos de ruidos. Hemos leído y escuchado en no pocas veces que la guerra era necesaria porque la estaba, de alguna forma, pidiendo la República.
Hemos visto, además, cómo se intenta blanquear ese período histórico de la manera retórica más torticera y antiacadémica. Incluso como si se pudiese equiparar a otro momento de nuestra historia, como por ejemplo la democracia", dijo el director de UNED Ourense, doctor Jesús Manuel García Díaz.
"Frente a eso, insisto: honestidad, buen hacer, rigor, acudir a las fuentes para interpretar la época y hacer hablar a sus protagonistas en la medida de lo posible. Nosotros debemos rebelarnos contra todo lo contrario, contra el blanqueo de la dictadura, que no fue una guerra de dos bandos iguales ni mucho menos una sublevación legítima". García, en la presentación de las jornadas, expuso que "la guerra tuvo como acicate la decisión del sistema de acabar por la fuerza con la democracia. Recordamos cómo los avances en derechos civiles y en la configuración de un Estado laico molestó a las oligarquías tanto económicas como religiosas. Y así podríamos seguir, pero es momento de felicitar a todos los ponentes porque nos dan luz sobre los temas a tratar con rigor, nos van a hacer reflexionar. Felicidades también a todas las 511 personas inscritas que nos han seguido desde España, Argentina, Alemania, Rusia, Reino Unido y Marruecos".
El doctor García Díaz recordó que "a esta sociedad de la rapidez, de la falta de atención y del encumbramiento de la superficialidad, le conviene el trabajo reposado y riguroso del historiador. La guerra civil, hablar de ella es, hoy, lo más parecido a un generador de odio, en el que brilla el fanatismo sobre el sentido común cuando se carece de información. Aquí estamos en la Academia, así que brille, pues, la investigación científica que acabe con tabús, con bulos y que ayude a la sociedad a dejar de alabar la dictadura, justificar sus crímenes y la devastación que supuso. Diviértanse aprendiendo, debatiendo, pensando y con la ilusión de investigar por encima de cualquier barrera. Vamos a ello. UNED Ourense se enorgullece de apoyar estas jornadas un nuevo año. Y que sea por muchos más".
El director de las jornadas, el catedrático Julio Prada Rodríguez, de la Uvigo, destacó la consolidación de esta cita anual con la Historia y fue, en el acto de presentación, desgranando el programa a desarrollar, con diversos especialistas de varias universidades, entre ellas la UNED. 
En el frente de batalla
Miguel Alonso Ibarra, profesor doctor de Historia Contemporánea en la UNED, habló sobre La guerra civil española. Experiencias, movilización y adoctrinamiento (1936-1939). Aportó ideas de lo que pasa en los frentes de batalla y la experiencia individual de los combatientes. En ese sentido abordó cómo se han tratado tradicionalmente estas cuestiones por parte de la historiografía. "En los últimos años, al hilo de esos 90 años, no de ese aniversario de la Guerra Civil española, surgen nuevos enfoques, por tanto ¿cuál es su relevancia y qué es lo que estos nuevos enfoques han ayudado a aportar al conocimiento no solo de lo que son las dinámicas propias de la guerra, sino de cuestiones y debates más amplios en ese sentido? Yo creo que lo que estos nuevos enfoques se han planteado fundamentalmente es que no solo es interesante entender per se la experiencia de la movilización del combate, del adoctrinamiento, los ejes que yo he planteado de la guerra, sino ver de qué modo esto se puede vincular al análisis y a la comprensión de procesos constructivos, dinámicas históricas mucho más amplias como, por ejemplo, la resultante de la guerra civil española, que fue la construcción o el advenimiento del régimen franquista".
El ponente centró su conferencia en el Ejército sublevado, en la guerra civil, objeto principal de sus investigaciones, y porque cree que, en cierto modo, varias de las ideas que plantea son extrapolables al Ejército popular de la República y al bando republicano. El doctor Alonso Ibarra señaló que la guerra civil "fue una guerra total, moderna, industrial y de masas. ¿Y qué implicaciones tiene esto? La guerra total comporta la necesaria movilización de decenas de miles, centenares de miles, más de 1.000.000 de personas".
Actitudes individuales
También abordó las actitudes individuales. "Esto es importante y se vincula con la relación entre movilización y biologización". Cita cuestiones muy relevantes como el debate sobre la naturaleza política del régimen franquista "que ha generado y que todavía sigue generando mucha literatura en el cual se plantea si el régimen franquista fue o no un régimen fascista. Algunos historiadores dicen que sí, y yo creo que sí. Hasta mediados de los años 40 otros historiadores dicen que fue un régimen fascistizado, que adoptó una serie de elementos simbólicos fascistas, pero la naturaleza de la estructura de ese régimen no se asemejaba a los fascismos europeos de la época. En todo caso tiene sentido, porque esa relación entre movilización e ideologización aporta debates más amplios".
Ibarra cree que el 90 aniversario de la Guerra Civil española invita a resituarla en un lugar central. En primer lugar destacó la expresión de una guerra sin guerra, es decir, que se ha abordado desde muchas perspectivas, se ha puesto el foco en la política, en la economía, en las ideologías, en lucha, en la violencia, sobre todo.
El ponente se pregunta dónde quedaba la historia de los soldados y la historia del frente, más a rás de suelo "teniendo una consideración fundamental que sin victoria bélica no hay constitución del régimen franquista, no hay dictadura de 40 años sin movilización, sin experiencia bélica, no hay franquismo y se puede preguntar por qué es también valoración de lo que pasa en los frentes".
Una historiografía necesitada de renovación
El profesor indicó que se han producido cambios en la historiografía sobre el estudio de la guerra civil en sus otras dimensiones sobre lo que pasaba en los frentes, dado que "hasta hace no mucho, seguía interpretándose a la luz de los presupuestos historiográficos de la historia militar más clásica y tradicional, frente, por ejemplo, al surgimiento de la nueva historia militar, que ha tenido impacto en el análisis de otros conflictos, como, la Primera y la Segunda Guerra Mundial, enfoque que tiene que ver con una historia sociocultural, con el giro lingüístico, con representantes, por ejemplo, como John Gigan, que escribió en los años 70 ese libro fundamental del Rostro de la batalla, que da pie a esa renovación de los estudios de la guerra en España, sobre todo a partir de los años 2000. ¿Y qué historia se había hecho hasta ahora sobre el Ejército rebelde? Esto es importante conocerlo, ahí señalo una serie de autores que a día de hoy todavía siguen siendo referentes para estudiar la historia de lo que ocurría en los frentes de la guerra civil. Los hermanos Salas Larrazábal, Martínez Bande, José María Garater, Rafael Casas de la Vega... claro, ¿cuáles son los problemas que tienen estos estos historiadores? primero, que tienen unas filias muy claras por sus trayectorias personales con el régimen franquista, y eso influye en el modelo sobre el que construyen su obra y sus interpretaciones. Eso han demostrado algunos historiadores en los últimos tiempos, por ejemplo, Luis Antonio Ruiz Casero en un libro muy reciente sobre el frente de Toledo, Guadalajara en la guerra civil, donde ha demostrado una utilización sesgada de ciertas fuentes por parte, por ejemplo, de Martínez Bande para apoyar sus interpretaciones, sus visiones, sus narrativas. Por ejemplo, Ramón Salas Larrazábal fue teniente provisional, Jesús Salas Arrazábal fue oficial del Ejército franquista; Martínez Bandi fue Alférez provisional, José María Gárate, que tiene una de las únicas monografías que creo sigue siendo de referencia, sobre los alférezes provisionales, siendo él mismo alférez provisional, con lo cual eso plantea una serie de problemas; o Rafael Casas de la Vega, que tiene ese estudio en dos volúmenes sobre las milicias nacionales, sobre todo de Falange, pero también del requeté, etcétera, que se movilizaron en el esfuerzo de guerra en favor del bando golpista. Él mismo fue oficial del Ejército franquista y falangista, algo que viene acreditado por la Fundación Nacional Francisco Franco". Estos autores, resalta el profesor de la UNED, tienen una serie de problemas "más allá de su cercanía ideológica, con el franquismo o por sus trayectorias personales y también porque sus trabajos plantean el refuerzo de una serie de narrativas y de relatos que provienen de la propia dictadura".
El doctor Alonso Ibarra expuso que la guerra civil española fue una guerra total, una guerra moderna. Esta es una idea fruto de trabajos surgidos en la década del 2000 e incluso anteriores, y en la década de 2010, sobre todo, "pero es una idea importante porque en ocasiones se ha caracterizado la guerra civil española como una guerra de pobres, una guerra de alpargata, como señalaba Gabriel Cardona. A mí me gustaría destacar que la guerra civil española es el conflicto más moderno hasta septiembre de 1939, cuando comienza la Segunda Guerra Mundial. No es tan masivo como la Primera Guerra Mundial, no tiene esa confluencia de potencial industrial, porque España era un país de segunda línea y en la Primera Guerra Mundial confluyeron las principales potencias mundiales de la época, pero en la guerra civil española se dieron cita las armas más modernas de la época y las evoluciones tácticas que derivaban de la utilización de esas armas. Se puede hablar sin demasiada controversia de que la guerra civil española fue el conflicto más moderno hasta septiembre de 1939, en términos de armamento, y en el sentido de que fue una guerra total, una guerra moderna y de masas en la que se produjo una movilización masiva de quintas en ambos bandos. Fue una guerra en la que se produjo una militarización de la retaguardia para sostener, para coordinar, para encuadrar todo esfuerzo de guerra y toda la potencia económica, industrial, laboral, social, cultural, política y religiosa, si se quiere, humana, de ambos bandos. La propaganda tuvo un factor fundamental, no solo la deshumanización del enemigo, sino también para la movilización, para dar ideas, para contextualizar, para enmarcar esa movilización forzosa en el caso de la guerra civil española, en ambos bandos, dentro de unas ideas que la hicieran más tolerable. ¿Fue una guerra total porque hubo movilización masiva de quintas, militarización de la retaguardia o porque la propaganda tuvo un lugar central en todos esos procesos de deshumanización del enemigo, de movilización?"
Una cuestión fundamental, según expresó el ponente, es que la guerra civil española fue pionera en lo que respecta al continente europeo, en la realización de campañas de bombardeo masivo.
La naturaleza colonial de la guerra civil española
"Hay un par de trabajos, sobre todo de Sebastian Balford y del historiador y antropólogo Gustavo Nerín, La guerra que vino de África, que plantean que se produjo una exportación, una traslación de las formas. Que o se había producido una exportación de las formas que los rebeldes tenían de entender la guerra desde las campañas del protectorado, y eso tiene que ver con el africanismo, elemento identitario clave de los golpistas, es decir, buena parte de los generales y altos militares golpistas procedían, habían desarrollado sus carreras en el ámbito del Protectorado español en Marruecos y se imbuyeron de una cultura bélico política claramente contrarrevolucionaria, que fue lo que dio identidad a esa parte del Ejército. Pero hablar de la idea de exportación y de traslación lo que nos plantea es que la guerra civil española se concibió como una guerra colonial, porque esa era la mentalidad de los oficiales y yo creo que esto se puede matizar muy claramente si atendemos a esa idea de la guerra moderna. La guerra colonial fue un antecedente, un referente experiencial y hemos dicho que España no había participado en la Primera Guerra Mundial y el antecedente inmediato de la guerra civil española fueron las campañas coloniales en Rif, en el norte de de Marruecos, pero no fue un modelo porque los procesos de deshumanización que se aplicaron en la guerra civil no procedían necesariamente de la guerra colonial, sino que eran también consustanciales a la guerra total".
Otro detalle que observa el ponente es que la tipología de violencia fue diferente en la guerra civil, "más masiva, profunda, extensa y sobre todo, tuvo un carácter preventivo y eso es un elemento fundamental, porque la violencia, generalmente en las campañas coloniales, tenía más bien un carácter instrumental y represivo reactivo mientras la guerra civil se asesinaba por la voluntad de prevenir cualquier resistencia, no para contestar a una resistencia que se hubiera dado. Por eso, en pueblos donde no se aprecia la resistencia, igualmente se ejecutaba de forma masiva a aquellos que eran considerados como enemigos de forma amplia".
Lo que conocemos sobre la violencia en la retaguardia rebelde en la guerra civil tampoco fue una guerra colonial. En el caso de la guerra civil española, había un enfrentamiento entre dos ejércitos regulares a partir de una fecha tan temprana como octubre de 1936, cuando se decreta la creación del Ejército Nacional, el Ejército del Norte y el Ejército del Sur, por un lado, y el Ejército popular de la República, por el otro. Eran dos ejércitos de masas, cosa que no sucede en las guerras coloniales, y ambos tenían un amplio recurso al armamento más moderno de la época". Recuerda Ibarra que entre julio y noviembre de 1936 tiene más sentido hablar de conflicto que no de guerra, "porque no estaba muy claro que lo que se estuviera produciendo fuera una guerra o la consecuencia de un golpe alargado".
Otra idea para entender la naturaleza de esa guerra "es la de cómo el estudio de lo que pasa en los frentes es importante para entender dinámicas más amplias. La guerra civil española fue una guerra sobrevenida. En España el Ejército no tenía experiencia en la guerra moderna, los antecedentes habían sido campañas coloniales. La campaña colonial, que se había desarrollado en el Protectorado español, era una campaña irregular contra un enemigo irregular. Desde luego no de masas y escasamente moderna. El escaso armamento moderno lo proveía España. Aparecieron algunos blindados.
Ninguno de los dos bandos estaba preparado. ¿Preveía que se iba a producir una guerra civil española? Evidentemente, en el caso republicano está claro, ellos son los que reciben el golpe y además, las primeras ideas con respecto a lo que está pasando era descartar eso como una suerte de asonada militar que se podía solucionar de una forma policial. Luego ya se ve que no, sobre todo con la presión tan rápida de las columnas que pasan desde desde África. Tampoco los rebeldes habían preparado una campaña larga, lo que querían era dar un golpe decisivo. Una primera parte, una primera solución, un primer intento de acabar la guerra cuanto antes, es el objetivo de conquistar cuanto antes Madrid, entre julio y noviembre de 1936. Pero el fracaso del asalto rebelde sobre Madrid abre el escenario a una guerra formal que el bando golpista no había preparado y que no había previsto, de ahí ese carácter de guerra sobrevenida. Por tanto, la guerra civil española es una guerra imprevista", señaló Alonso Ibarra.
Movilizaciones
Para aprender a hacer una guerra moderna lo primero que se necesita es movilizar a las tropas necesarias. "Entre julio y noviembre de 1936 hay un frente muy volátil que depende del control territorial, depende mucho de quién ocupa qué pueblo y de cómo se mueven las diferentes unidades por el territorio, lo que pasa a partir de de noviembre de 1936 en adelante. Al final el Ejército más profesional cae en manos en manos golpistas y hay una desconfianza muy clara de las autoridades republicanas hacia el estamento militar, que lastra los primeros pasos de la conformación de un Ejército. Se va produciendo un desequilibrio progresivo como consecuencia de la marcha favorable de la guerra para las almas rebeldes, lo que hace que los republicanos tengan que llamar a más quintas para cubrir bajas y deserciones así como la pérdida de material humano. Eso hace que, al final, el mando golpista movilice 15 quintas frente a 23 de las republicanas". Pero esto no significa que el Ejército rebelde no tuviera problemas "y muy graves y que no faltasen efectivos. Una pregunta derivada de esto es por qué, si faltan efectivos los republicanos movilizan a 8/5 más que los rebeldes. Porque había un entramado de servicios, logístico, una estructura incapaz de absorber más material humano porque no era capaz siquiera de abastecer al que ya tenía en las unidades, y eso también es una de las explicaciones de por qué no se movilizan más quintas. Siempre que utilicemos Ejército Nacional hay que emplear las mayúsculas porque es el nombre propio. Si se quiere plantear en términos descriptivos, tiene más sentido utilizar Ejército rebelde, Ejército, golpista, Ejército sublevado", señala el doctor Ibarra.
El Ejército sublevado fue "una máquina de guerra bien engrasada frente a un Ejército popular de la República que fue más bien desastroso o que tuvo muchos más problemas, lo que es un mito porque si vamos a las fuentes internas del Ejército rebelde lo que ve son problemas graves que permiten reinterpretar ciertas cuestiones o ciertas visiones, o ciertas narrativas o ciertos análisis. Al final los problemas del Ejército sublevado derivan de la guerra civil española es una guerra moderna para la cual no se tiene experiencia previa porque recordamos que las experiencias previas procedían de los entornos coloniales, es una guerra sobrevenida y una guerra imprevista, que "que se tuvo que aprender a marchas forzadas, es decir, siempre intentando adaptarse a la realidad de lo que ocurría en el frente de batalla y se tuvo que aprender sobre todo a base de decenas de miles de muertos y heridos en los campos de batalla. Había una falta endémica de equipos, transportes, fortificaciones, armamento, vestuario. Todo eso generaba toda una serie de quejas de mandos divisionarios".
A lo largo de toda la guerra, había también falta de efectivos, básicamente porque el frente los consumía a ritmos más elevados de lo que podía suministrar. Si las necesidades de refuerzos y de soldados para constituir nuevas unidades son tan acuciantes, el periodo de instrucción se ha de acortar forzosamente porque hay que enviar cuerpos a primera línea de combate.
Guerra lenta
En la cultura popular apareció esta idea precisamente de la tesis de la guerra lenta de Franco en la película Mientras dure la guerra, de Amenábar, dice el ponente. La tesis de la guerra lenta dice que Franco retrasó deliberadamente el final de la contienda con dos objetivos: en primer lugar, afianza su poder al frente de la coalición golpista y al frente del régimen que se estaba poco a poco, estaba surgiendo de forma incipiente, y en segundo lugar, para exterminar concienzudamente la denominada Antiespaña.
"De forma profusa en la historiografía se ha planteado que el desvío a Valencia en abril de 1938, una vez termina la ofensiva de Aragón después de la batalla de Teruel y una vez se conquista Lérida en vez de seguir hacia Barcelona, capital de la República, para tratar de conquistarla, se desvía el Ejército hacia Valencia, en una operación que se considera inexplicable por parte de estos autores que han defendido esta idea de la guerra lenta e incluso Preston, en su biografía sobre sobre Franco, indica que en noviembre de 1938 el caudillo dudaba si iniciar la ofensiva de Cataluña en un momento tan favorable de la guerra, pero claro que no tiene en cuenta esta tesis de la guerra lenta. En primer lugar, la pregunta sería si la tesis de la guerra lenta plantea que Franco retrasó deliberadamente el final de la contienda. La pregunta que surge de forma natural sería, ¿podía haber ganado antes de haberlo deseado, de haberlo querido? Se sobreentiende que sí porque si el retraso deliberado quiere decir que existía la posibilidad de ganar, eso no tiene en cuenta primero que la guerra civil española es una guerra sobrevenida en una España sin experiencia previa en una guerra moderna porque no participa en la Primera Guerra Mundial, sino en conflictos coloniales como los del Protectorado español en Marruecos. Lo que está claro es que el Ejército rebelde tenía muchos problemas, lo que no impide que fuese superior al republicano, "pero no se puede hacer esa lectura de que el Ejército rebelde podría haber ganado si hubiera querido, porque adolecía de toda una serie de problemas que le impidieron ir más rápido de lo que fue".
Adoctrinamiento e ideologización
Otra idea importante planteada es el vínculo entre adoctrinamiento e ideologización. "En el Ejército siempre se suele introducir como un factor desfascistizante, que va en contra de esa consideración del franquismo como un fascismo y al mismo tiempo hay un consenso historiográfico, incluso bastante reciente, de que el Ejército rebelde no tenía interés especial en politizar a sus hombres, sino fundamentalmente en ganar la guerra y que el interés ideologizador era secundario. Yo siempre he creído que esto era bastante cuestionable. Si entendemos que la guerra civil española es el marco constructivo de la dictadura franquista a todos los niveles, por ende es también el marco constructivo de sus apoyos sociales, pues parece un poco plausible pensar que el Ejército golpista desaprovechase la oportunidad de intentar, al menos, adoctrinar a sus combatientes cuando los tenía movilizados, encuadrados, disciplinados, vigilados y controlados dentro de una estructura jerárquica y claramente disciplinada, vertical, como era el Ejército. Creo que se puede reinterpretar de otro modo esa relación entre movilización, experiencia e ideología. ¿Y dónde podemos ver esto? Podemos verlo en la instrucción que recibían los combatientes dado que la necesidad de hombres para el frente hacía que los periodos de instrucción se acortasen y que los soldados llegasen con una instrucción muy pobre.
Con sus primeros días siempre mantienen de forma recurrente una parte muy importante dedicada a la parte teórica, relacionada con el combate, pero también una parte muy importante teórica que tiene que ver con la socialización de elementos ideológicos y políticos vinculados a la ideología del bando golpista, del régimen en construcción".
Y así, añade Ibarra "a los soldados se les explicaba, por ejemplo, los beneficios del fuero del trabajo. Por ejemplo, explicar cómo serían, una vez que llegase la victoria, ex combatientes, que tendrían una serie de beneficios, tanto ellos como sus familias, trabajo, pensiones, subsidios, etcétera, algo que puede tener cierta lógica y que va apuntando a una dirección muy clara en los objetivos del Ejército rebelde, pero al mismo tiempo también contenidos de tipo político que nada tenían que ver con cuestiones pragmáticas, sino con la socialización de una serie de ideas sin aplicación práctica".
Disciplina y vigilancia férreas
En el Ejército golpista se encuadra "más de 1.000.000 de individuos sometidos a un control, a una disciplina y a una vigilancia férreas. Y eso permite hacer una gestión de su tiempo, de la forma que más interese a los dirigentes del bando golpista. Al mismo tiempo, todo ese encuadramiento representa las generaciones más jóvenes de adultos que van a constituir el futuro del país, con lo cual quienes van a conformar los pilares de la estructura de la sociedad en los años venideros, están dentro de un entorno vigilado controlado, en el cual se puede hacer una gestión de su tiempo con los fines de los dirigentes del bando golpista, uno de los cuales es socializar un proyecto político, pues todo autoritarismo, todo régimen fascista, comunista, no solo se sustentaba en base al terror, en base a la represión, eso era una parte. También se sustentaba en base a lo que se ha denominado el consenso, el consentimiento de una amplia gama de actitudes que iban desde la militancia activa, la participación o apoyo explícito hasta la resistencia, evidentemente como forma contraria, pasando por el consentimiento, la participación pasiva, el pragmatismo, la supervivencia, el oportunismo, la necesidad de construir las bases sociales de ese proyecto convierten en este caso la movilización en una experiencia de politización y creo que tiene sentido plantearlo desde ese punto de vista, lo que nos lleva a dos ideas clave que plantean estos nuevos enfoques sobre lo que pasa en los frentes y que tienen su eco en el modo en que nosotros entendemos el proceso constructivo de la dictadura franquista".
Conforme se va acercando el final de 1938 y se vislumbra cada vez más que esa guerra va a acabar con resultado favorable para las armas rebeldes, "el peso de los contenidos políticos de tipo pragmático, ese fuero del trabajo, esos subsidios, esas pensiones, esos beneficios en tanto en cuanto excombatiente franquista van adquiriendo un peso cada vez mayor dentro de esos programas de instrucción, lo que permite interpretar que el Ejército tenía entre sus objetivos no solo encuadrar a sus soldados, no solo darles un marco de ideas para justificar, dotar de sentido a su lucha en el frente, sino también convertirlos en apoyos sociales a su régimen. ¿Consiguió tener éxito el Ejército en su proceso de socialización ideológica? Depende de lo que entendamos por socialización ideológica efectiva. Yo apunto algunas ideas:
El ponente ofrece cuatro conclusiones:

Los perpetradores de la España golpista de 1936
El doctor David Alegre Lorenz, profesor lector de la Universitat Autònoma de Barcelona, habló de Los perpetradores de la España golpista en 1936. En esta conferencia planteó un acercamiento histórico a la trayectoria vital y al perfil humano de los perpetradores del bando golpista en 1936, pero también al ecosistema institucional y al espacio geográfico en el que actuaron. Al mismo tiempo nos habla de dos cuestiones básicas: por qué las autoridades rebeldes optaron por una política sistemática de aniquilación de civiles indefensos y cómo se organizaron estas prácticas eliminacionistas. En este punto se demuestra que innovaron más bien poco, pues se limitaron a ocupar y subvertir la estructura estatal preexistente interponiendo en ella a sus propios especialistas y estimulando la competencia por abajo dentro de las agencias securitarias, para garantizarse la lealtad de sus plantillas. En este sentido, describimos y analizamos el funcionamiento de la cadena de mando, la toma de decisiones, qué agencias y organizaciones tomaron parte en ellas y, muy importante, quiénes fueron los protagonistas individuales de todo este entramado, así como cuáles fueron sus responsabilidades.
Para ello Alegre Lorenz analizó a los perpetradores en tres grupos distintos dispuestos jerárquicamente:
El ponente se detuvo en algunos casos paradigmáticos, al tiempo que "demuestra la íntima relación entre los especialistas de la maquinaria eliminacionista y los grandes intereses económicos del momento. En términos generales, indaga en los orígenes de todos los perfiles de perpetradores, en sus carreras profesionales, en su universo mental, en sus espacios de sociabilidad o en los beneficios que extrajeron de sus actos, todo ello acompañado de reflexiones metodológicas, como la lógica situacional de los estudios del Holocausto y el genocidio, y de posibles fondos archivísticos y fuentes para su estudio. En última instancia, se demuestra cómo la violencia del 36 tuvo una lógica espacial que se intenta desentrañar a través del caso de Zaragoza. Sin embargo, las ideas que se presentan son el resultado de una investigación de muchos años que aborda las políticas eliminacionistas y sus perpetradores en el conjunto de Aragón, pero también de dos tesis doctorales en curso bajo la supervisión del conferenciante y del trabajo de los equipos de investigadores en los que participa".
Una guerra más allá de 1939
Arnau Fernández Pasalodos, profesor contratado posdoctoral Juan de la Cierva en la Universidad de Granada, presentó la conferencia titulada Una guerra que no termina en 1939. "Entre julio de 1936 y 1952 los espacios de guerra irregular afectaron a más del 66% de las provincias españolas. Durante esos quince años el bando rebelde primero y la dictadura franquista después, tuvieron que hacer frente a una guerra antipartisana que tuvo como fin último la eliminación de la resistencia armada republicana".
Un conflicto irregular que se caracterizó "por la ausencia de unos frentes claramente delimitados o que directamente no existieron, y que fue el resultado de la pugna por el control del espacio físico, de la represión golpista y de la huída a los montes de miles de republicanos que tuvieron que escapar de unas políticas de la violencia marcadamente violentas y vengativas".
Este es el contexto de su disertación en la que "mediante el análisis de fuentes de archivo generadas por la dictadura franquista, comprobó cómo el propio Franco afirmó en 1944 que la guerra no había terminado en abril de 1939". Al mismo tiempo, trazó un recorrido por el papel que desempeñó la Guardia Civil en este contexto de lucha antiguerrillera, "analizando los perfiles de algunos de sus dirigentes, pero también centrándonos en las estrategias y políticas de la violencia que aplicaron sobre los guerrilleros, la población civil y el medio natural".
Las exiliadas en Francia
Y la profesora doctora Rocío Negrete Pena, de la UNED, disertó acerca de Exiliadas en Francia. Trabajos, experiencias y luchas de mujeres republicanas españolas. En esta comunicación analiza la experiencia de las mujeres españolas que se exiliaron en Francia tras la Guerra Civil. "En ella, se situará la importancia relativa del exilio como ruptura con el horizonte de expectativas que había simbolizado la experiencia republicana y la guerra en España, donde habían alcanzado cotas de independencia, ciudadanía y participación política históricas". Manifestó la ponente que esta herencia "contrastará con las políticas de control y doble tutela a las que se vieron sometidas en Francia, con varias experiencias traumáticas como la separación de las familias, el tutelaje desarrollado por el Estado y la figura del cabeza de familia y la articulación de estereotipos sexuados que aspiraban a restringir su capacidad de agencia".
Sin embargo, como Negrete Pena demostró en esta ponencia, "a pesar de este control social y del estrecho margen de maniobra, las mujeres en el exilio desplegaron diversas formas de resistencia individual y colectiva para recuperar su autonomía, articuladas en torno a la reorganización política o con acciones individuales o colectivas de oposición a la repatriación forzada".
Estas jornadas contaron con 511 personas inscritas gratuitamente. Procedían en su mayoría, de España (504), de Alemania (2), Argentina (2); Rusia (1), Reino Unido (1) y Marruecos (2).

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