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Capitán Federico Aznar: " Bin Laden y los atentados del 11 de septiembre lo han dejado muy claro, no hace falta ser fuerte para cambiar la historia del mundo".

28 de abril de 2022

Remató en UNED Ourense el curso sobre seguridad y conflictos en el siglo XXI en el que dos coroneles del Ejército y dos capitanes de la Marina explicaron las características de las guerras de nuestro tiempo así como la desinformación y la propaganda, entre otros factores.

OURENSE, 28 de abril de 2022. Terminó hoy en UNED Ourense el curso Seguridad y conflictos en el siglo XXI: Ucrania . Han sido cuatro sesiones en otros tantos días de abril intensos, con ponencias de alto nivel por parte de todos los participantes: José Luis Calvo Albero, coronel del Ejército de Tierra, director de la División de Coordinación y Estudios Secretaría General de Política de Defensa-Ministerio de Defensa; José María Pardo de Santayana y Gómez de Olea, coronel del Ejército-Instituto Español de Estudios Estratégicos;  Federico Aznar Fernández-Montesinos, capitán de Fragata-Instituto Español de Estudios Estratégicos, Doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM). y Ramón Liaño Nuñez, capitán de Navío-División de Coordinación y Estudios de la Secretaría General de Política de Defensa, que fue el último en intervenir. Tras su conferencia, el director de UNED Ourense, doctor Jesús Manuel García Díaz, agradeció la participación de ponentes y de público que siguió este curso a través de Internet. "Ponemos fin a una tanda de ponencias de mayor interés actual. Siempre es importante conocer las tensiones geopolíticas, los tipos de guerra, las zonas grises, el actual conflicto de Ucrania y otro aspecto no menos importante e interesante como es la comunicación, con la desinformación y las técnicas de propaganda. El lenguaje, el poder dar nombre a cosas es comenzar a apoderarse de ellas, como señaló el doctor Aznar Fernández-Montesinos. Muchas gracias a todos por este curso que ha distinguido la programación de extensión universitaria de UNED Ourense. Gracias también a su director, profesor doctor, Julio Prada Rodríguez.  Hemos aprendido todos un poco más  sobre cultura de seguridad y defensa, relacionados con estrategias de seguridad en España. Y hemos conocido un poco más acerca de la educación y defensa.

Entre las ponencias destacamos la de Federico Aznar Fernández-Montesinos, capitán de Fragata, del Instituto Español de Estudios Estratégicos, doctor en Ciencias Políticas y Sociología (UCM), que habló sobre La guerra de la percepción. Desinformación, influencia y propaganda. El capitán comenzó haciendo referencia a  las causas de la guerra y, centrándose solo en una  “podríamos dar por válida entre todas ellas la definición hecha por Bouthoul de que los contornos de la guerra son, de por sí, imprecisos; como apuntará Lenin, las guerras no se declaran, simplemente comienzan. Estados Unidos, hasta el año 2005, utilizó la fuerza en 220 ocasiones y sólo declaró la guerra en cinco. La última vez que el Reino Unido declaró la guerra fue a Siam en 1942.

Federico Aznar señaló que el terrorismo “no puede presentarse ni como libertad ni como humanismo sino como crimen, con lo que el terrorista tampoco puede ser presentado como un soldado lo que ennoblecería su causa. El resultado es que no se puede restituir la dignidad al terrorista sin menoscabar simultáneamente a sus víctimas. Por eso dignificar a las víctimas, humanizarlas, sacarlas de la foto para traerlas al mundo real es socavar el discurso terrorista”. Añadió que la paz, como la guerra, pertenece a la política, “pero se asienta sobre la justicia no sobre el perdón. Las víctimas ya han dado bastante y no están obligadas a más; padecen el mismo suplicio que Sísifo. Su fotografía ahora, aunque sea en tonos sepia, no permite que se instalen definitivamente en el pasado; hay algo inconcluso pues mantiene vivo su dolor y el crimen, mientras la causa de quien infringió el daño se resiente. Los éxitos rápidos de la violencia ya no son tales”.

La palabra paz tiene la misma raíz que la palabra pacto. De hecho, señala Aznar Fernández-Montesinos, que el fin de la guerra sea la paz, “encarna una contradicción dialéctica insuperable siempre que no se aniquile al enemigo, lo cual, a su vez, supone una contradicción ética igualmente insuperable, al menos en el siglo XXI y en Occidente”.

“La sustitución de la victoria por la paz es prueba de la pérdida de autonomía de la guerra. La guerra en cuanto deja de ser independiente, su nivel de abstracción más alto hace que sea complementaria y no opuesta a la paz en la que se aúnan medio y fin. Por ello, una auténtica paz pasa por la superación de las narrativas. Las narraciones son clave; es lo único que el tiempo deja de los conflictos, su congruencia y repetición las convierte en parte del espíritu del mundo, en la única prueba admisible en una historia universal erigida en tribunal de la historia. No son un hecho neutral, ni siquiera un hecho objetivo. El pasado sí importa”, indicó el doctor Aznar.

“De facto, una paz auténtica sólo es posible desde la superación de las narraciones que han servido al impulso belicoso. Mantenerlas vivas es mantener las ascuas y permitir que el tiempo vaya depositando sobre ellas ingentes cantidades de material fungible. La Segunda Guerra Mundial tuvo lugar por la pervivencia de las narraciones tras la Primera. Es más, la clave de las nuevas guerras, paradójicamente no está en ganarlas (el problema militar suele estar resuelto de antemano, si Occidente se implica a fondo) sino en ganar la paz. Esto equivale a liquidar las narraciones, lo que sobre todo en el caso del terrorismo -el terrorismo, se ha dicho,  es fundamentalmente narración- es imperativo; no solo es preciso el fin de la violencia sino la deslegitimación de los que la practican de modo que su narrativa resulte inválida y no pueda ser objeto de posteriores reinterpretaciones. El discurso de las partes no puede ser equiparado porque eso deja sobrevivir a las ascuas; es un riesgo inaceptable”.

“No se puede restituir la dignidad al terrorista sin menoscabar simultáneamente a sus víctimas. Por eso dignificar a las víctimas, humanizarlas sacarlas de la foto para integrarlas en el mundo real, contribuye a socavar el discurso terrorista. La paz se asienta sobre la justicia más que sobre el perdón; las víctimas ya han dado bastante”, expuso el conferenciante. Añadió Federico Aznar que la paz es una solución de compromiso que se encuentra “en un estado precario que sólo el tiempo permite consolidar. Reconstituir la multitud de planos afectados por la conmoción del conflicto requiere de un periodo de tránsito y de buena voluntad. No se puede obligar al perdón, eso es secuestrar”.

Las narrativas, prosiguió, tienen la facultad de interpretar la realidad con cierta dosis de mito e inexactitud, pero aportando coherencia al relato, legitimidad al discurso, y lo más importante, racionalidad a los hechos descritos, pues a pesar de ser emocionales, se presentan como racionales. “La narrativa se construye alcanzando un adecuado equilibrio entre realidad y ficción, entre los hechos y el mito. Y se construye en libertad, sin atender a injerencias, y por tanto, se refuerzan las ideologías y se omiten las debilidades. Por ello, lo más interesante de las narrativas es precisamente lo que no incluyen lo que ignoran, lo que descartan, pues es ahí, en su debilidad, donde se encuentra su vulnerabilidad, su fragilidad y la forma de combatirla”, dijo el capitán de fragata. Mencionó la evolución de la narrativa, que se adapta y presenta el cambio como natural: “Lo blanco se vuelve negro, lo negro verde, lo verde blanco, pero la narrativa lo presenta con coherencia, con naturalidad, con credibilidad. Los perseguidos son ahora perseguidores, los perseguidores, perseguidos, la victoria se transforma en derrota, y la alegría en sufrimiento”.

“La narrativa casi siempre se convierte en un obstáculo para la paz, pues las diferentes partes del conflicto elaboran sus propias narrativas con libertad para justificar y legitimar su discurso, Pero el conflicto no se resuelve, las ideas no entran en confrontación y la batalla ideológica no se presenta. Para alcanzar la verdadera paz, hay que liberar al conflicto de las causas que lo causaron, de las que lo alimentaron y de las que amenazan con su repetición. Entre todas estas causas, las narrativas son las protagonistas de excepción. A la narración no se la puede dejar viva, pero no hay que desmontar la narrativa, hay que crear una mejor”.

Primer paso: comprender la guerra que se emprende

El almirante francés Castex nos ofrece un ejemplo muy gráfico, “la estrategia es, en resumen como el espectro solar. Presenta una zona infrarroja que constituye el campo de la Política y una zona ultravioleta que constituye el campo de la táctica. Y, en la misma forma que el espectro solar pasa de las zonas invisibles por gradaciones imperceptibles, la estrategia se reúne con la política y la táctica cambiando gradualmente de tono hasta confundirse con las mismas. La política, la estrategia y la táctica forman, pues, un conjunto bien trabado y, de ninguna manera un tríptico de elementos separados entre sí”.

Estrategia

“Podemos preguntarnos si este somero y selectivo repaso histórico de definiciones nos ha proporcionado luz para captar un inequívoco concepto de Estrategia. Seguramente no. Se podría recurrir a la práctica, mediante el análisis de casos concretos, tratando de discernir si tal o cual actividad entra o no en el campo de la Estrategia. Pero a veces este ejercicio puede aumentar la confusión por el riesgo inherente a toda interpretación no sujeta a normas rígidas y claras”. La solución, según el ponente, puede estar “en el valor instrumental de la estrategia, en entenderla como una herramienta necesaria de la Política. Es decir, la Política tiene unos deseos que pretende satisfacer mediante el logro de unos fines u objetivos. Pues bien, la estrategia es la encargada de determinar y ordenar las acciones necesarias para alcanzarlos. Precisamente en este sentido o acepción instrumental es como el término estrategia ha trascendido el ámbito militar, aplicándose a todas las actividades de la sociedad. Esta visión instrumental de la estrategia puede ser un recurso ante la imposibilidad de llegar a una definición más académica y nos pone a salvo de discusiones que no conducen a parte alguna”.

“La gente cree que la guerra pertenece al dios Marte, pero no es cierto. Pertenece a Atenea protectora de la democracia ateniense, diosa de la inteligencia, del lenguaje, del diálogo y, también, de la guerra justa e inteligente; una diosa integral. Y no es extraño que sea diosa de la guerra justa, porque la justicia está ligada a la palabra”, añadió. “Maquiavelo decía que son justas las guerras que son necesarias. La Iglesia Católica establece que para que sean justas las guerras que puedan ganarse, sean declaradas por autoridad legítima, sus fines sean justos y se desarrollen sin excesos. En los días de la Creación, y con el consentimiento divino, uno de los primeros actos del hombre fue poner nombre a las cosas. Nombrar tiene una dimensión trascendente. Por ello, el lenguaje es uno de los primeros y principales terrenos de enfrentamiento, y no viene mal recordar como prueba de su relativismo, lo que pusiera Lewis Carroll en boca de Humpty Dumpty: “las cosas significan lo que yo quiero que signifiquen, ni más ni menos.”

Poner nombre a las cosas es comenzar a apoderarse de ellas como reza un proverbio medio oriental. Los nombres no son neutrales, escogerlos adecuadamente permite partir desde una posición de ventaja. Por ello, el lenguaje es uno de los primeros y principales terrenos de enfrentamiento; el lenguaje define el marco y fija las reglas con que este se desarrolla. Imponer el lenguaje, señalar las palabras que han de utilizarse resulta capital. La legitimidad la otorgan las palabras, su aceptación, su normalización. 

Por eso manifiesta Federico Aznar que “cuando se trata de acotar, de limitar la guerra, ésta se desplaza hacia limbos jurídicos, hacia zonas grises muchas veces generadas ficticiamente a partir de debates pseudonominalistas. Terrorista puede ser un adjetivo o un sustantivo, una persona, una situación, un proceso, un hecho o una estructura. Y la cuestión no es baladí, un detenido puede ser un delincuente, un soldado, un terrorista según el nombre que se dé al conflicto, o según el que la comunidad acepte”. Y advierte; “con las palabras se apropia de los conceptos y se marca el significado de los sucesos conduciéndolos hacia el imaginario buscado. Comando desplaza hacia lo militar; proceso de paz iguala las partes; socialización del dolor una licencia para matar a cualquiera. Y además siempre es posible el deslizamiento de unos términos que pasan inadvertido a la opinión pública. No obstante,  es muy relevante y no sólo desde el punto de vista académico. La clave se encuentra en domesticar la frontera, lo que se consigue haciendo que los conceptos sean de geometría variable”.

La guerra, un acto de comunicación con un suplemento de violencia

“El lenguaje puede dirigir o mal dirigir los esfuerzos militares; su retórica afecta a la estrategia en la medida en que enmascara el tipo de conflicto y dificulta la aplicación de las medidas más convenientes. Es el descarrío de las palabras. Guerra y paz son dos palabras demasiado precisas para un mundo en el que la imprecisión, la polisemia, otorga mayores márgenes a la política;  guerra es una palabra transformada, ya nadie habla de guerra sino de operaciones de paz”, expuso el ponente, para añadir que con el lenguaje se apela simultáneamente tanto a lo racional como a lo irracional, “mediante él se construyen cadenas de ideas, narraciones sobre las que se va a articular la violencia, que encuentra así vehiculación y justificación.  En este marco el lenguaje se emplea para deshumanizar a las víctimas, movilizar a las masas para destruirlas y negar la masacre; el descarrío de las palabras, ligado al desarrollo burocrático y tecnocrático, permite entonces neutralizar los sentimientos de culpabilidad de los ejecutores. Y es que con el nombre que se dé al conflicto (o guerra) no se actúa tanto contra los medios     -que también- como contra la legitimidad de una de las partes, la cual pasa así a ser objeto de discusión”.

“El marco interpretativo presta siempre un buen servicio a quienes controlan o quieren controlar las cosas, la polisemia es un instrumento muy útil para ello. El unilatelaralismo hace coincidir la definición académica con la definición operativa, de modo que, por ejemplo, es terrorismo lo que yo defino como tal y son terroristas los que yo coloco en una lista ad hoc. Terrorista puede ser un adjetivo o un sustantivo, una persona, una situación, un proceso, un hecho o una estructura. Con la palabra terrorista se incluyen realidades muy heterogéneas de modo que su definición condiciona el resultado, cuando el resultado deseado no condiciona la definición”. Y es que la correspondencia entre nombre y sociedad se encuentra presente en todo el pensamiento confuciano toda vez que el lenguaje expresa la fuerza de las relaciones humanas en un mundo en que se armoniza y equilibra por sí solo, apuntó el capitán.

Cuando la guerra es dentro de nuestro mundo, es solo un choque de voluntades que se resuelve en el campo de batalla; cuando la guerra la guerra es entre dos mundos, la guerra además de un choque de voluntades puede ser un choque de identidades. El campo de batalla puede determinar qué voluntad es más fuerte, puede destruir la voluntad de seguir luchando del adversario pero el campo de batalla no puede reconstruir su futuro, tampoco su identidad o su reinterpretación.

“Las guerras de los mundos, las guerras contra los marcianos son siempre guerras asimétricas, como vemos en las películas. Son asimétricas porque cada mundo es diferente, cada mundo vive su tiempo y según nos recuerda Clausewitz, cada tiempo tiene su propia teoría de la guerra. Mundos con diferentes tiempos son mundos con diferentes teorías del conflicto y por tanto diferentes estrategias. La asimetría es inevitable. Pero tiempo es algo más que tiempo cronológico. Clausewitz sigue y hace referencia al término época, “quienes deseen entender la guerra deben dirigir una mirada atenta  a los rasgos principales de cada época” para él tiempo y época eran lo mismo, su visión era desde luego eurocéntrica, pero en el mundo globalizado de hoy tiempo y época no es lo mismo. En el mismo tiempo cronológico viven hoy distintas épocas, distintas eras de civilización”.

Conflicto asimétrico

El conflicto asimétrico es aquel en que las partes adoptan estrategias con modelos o modos diferentes. La documentación oficial española contempla “El Conflicto Armado Asimétrico y Simétrico”. El conflicto disimétrico es una peculiaridad del simétrico. “La Doctrina de Empleo de Fuerzas Terrestres establece la siguiente definición del conflicto armado asimétrico: es el que se produce entre varios contendientes de capacidades militares normalmente distintas y con diferencias básicas en su modelo estratégico”. Federico Aznar manifiesta que “para descubrir la asimetría solemos incidir en los factores estratégicos, especialmente en las diferencias de medios/capacidades. Evidentemente los factores estratégicos (medios, objetivo, reglas, riesgos) determinan y orientan la decisión estratégica. La estrategia depende de ellos pero al menos en la teoría no la determina. Factores similares no significan decisiones estratégicas similares, factores estratégicos distintos no significa necesariamente divergencia estratégica y por tanto asimetría”. “Podemos encontrarnos con una importante disparidad de capacidades, de recursos, de potencial y sin embargo el resultado puede ser un conflicto simétrico. La última guerra contra Sadam. Cuanto más diferencia en los factores, más posibilidad de asimetría. El origen de la asimetría puede estar en los medios, asimetría de capacidades, o en los fines, asimetría de las apuestas o de los envites, como el caso de Estados Unidos en Vietnam; Francia en Argelia o la URSS en Afganistán. Uno lucha por la posición, otro por la existencia. Para uno es una guerra limitada para otro es una guerra total. La asimetría puede venir también de la mano de las diferencias de riesgos asumidos. Hitler arriesgó más que Chamberlain; o asimetría en las reglas, lo que puede suponer una disposición o falta de ella para seguir la escalada”.

Dijo el ponente que un elemento esencial en la posible asimetría de la estrategia es la diferente naturaleza de los agentes. Actores con la misma naturaleza posiblemente apuestan por semejantes modelos y viceversa. Estados democráticos frente a estados democráticos; estados totalitarios frente a estados totalitarios, pero sobre todo estado frente a estado tiende a producir estrategias asimétricas y viceversa. Organizaciones sin carácter estatal frente a estados suponen casi inevitablemente una relación asimétrica.

Se producen en el plano político

"Las estrategias asimétricas se producen en el plano político y están de moda en todo el mundo porque este es vulnerable. Ni siquiera el territorio de USA está a salvo. Nunca en la historia una potencia ha contado con una supremacía militar, económica, tecnológica, política tan clara como la de Estados Unidos en estos momentos, pero nada de esto es suficiente. Cualquiera puede atacar a cualquiera. Están de moda porque vivimos en un mundo globalizado, estrategias asimétricas que de repente dejan de ser de corto para ser largo alcance". Federico Aznar destacó el efecto multiplicador de los medios de comunicación, esto está relacionado con la globalización de la información pero también con el tratamiento y la persistencia de la noticia en los medios.

“Las estrategias asimétricas están de moda porque son efectivas, pueden paralizar e influir en los más poderosos sin movilizar muchos recursos. Además Bin Laden y los atentados del 11 de septiembre lo han dejado muy claro, no hace falta ser fuerte para cambiar la historia del mundo. La amenaza puede ser global porque la globalización lo posibilita. Terrorismo global insurgencia global. O sencillamente red global. Los partisanos o terroristas como lo fueron la resistencia francesa se declaran portadores de una legitimidad distinta y propia que va con ellos y de la que se deriva una nueva fuente de legalidad desde la que se alzan. Los irregulares deben encontrarse siempre en movimiento pues de no moverse perderían la ofensiva y serían una presa fácil.

Desaparecen las fronteras conceptuales y geográficas en una guerra sin principio ni final claro en la que los ejércitos pierden sino ganan y el partisano gana si no pierde. Es una guerra permanente que no se hace a pulsos o campañas como la guerra clásica. Una estrategia deliberadamente lenta que pretende hacer perder cualquier esperanza y transforma los conflictos pretendidamente eficientes en eficaces, en los que las estrategias no acaban pareciéndose las unas a las otras por adaptación como sucede en los conflictos ordinarios.

La guerra asimétrica no es nueva. En los tiempos de Viriato ya existían guerrilleros. Julio Cesar, además de hacer las guerras en las galias también se dedicaba a eliminar piratas. Y de piratas la armada española tiene  larga experiencia aunque no sé si una buena memoria. De piratas y guerrilleros tenemos antecedentes aquí. La palabra guerrilla es española. Y la guerra irregular, asimétrica, popular, no convencional moderna nace en España. Así lo entendieron los contemporáneos de Napoleón, Jomini y Clausewitz, pero no solo ellos. John Nagl del que hablaremos o Charles Callwell (small War) o el propio Lukwatt descubren en la Guerra de la Independencia española el origen de algo que sin ser de todo nuevo al colocarlo en el nuevo contexto se transforma en algo totalmente distinto.

Terrorismo

Ya el historiador Arnold Toynbee señaló que “frente al poder de las superpotencias, la guerra global del futuro se desarrollará utilizando a los supuestamente indefensos a través de la horrible vía del terrorismo”. En palabras de un líder palestino, “los primeros secuestros (aéreos) fueron más eficaces que 20 años de súplicas ante las Naciones Unidas para concienciar al mundo y despertar a los medios de comunicación y a la opinión pública”. Dieciocho meses después de los atentados de Munich, Yassir Arafat fue invitado a hablar ante la Asamblea General de la ONU. 

La naturaleza clandestina del terrorismo permite evitar la lucha abierta, el enfrentamiento directo; su carácter ruidoso esconde la debilidad de quien aspira a que su fuerza sea magnificada, amplifica la capacidad militar real enmascarando la magnitud de la asimetría de las fuerzas al ofrecer resultados importantes utilizando medios escasos. El terrorismo debe sorprender, ser original para ello debe permanentemente mutando, reinventarse a sí mismo, y es ofensiva, audacia porque no puede detener su movimiento sin desaparecer. Su logística es paralela a las redes criminales pues solo de ellas puede obtener su armamento. Su discurso sencillo le da fuerza desde la perspectiva de la comunicación política.

El atentado sirve al planteamiento de un debate, provoca la ruptura de la comunidad. Es una guerra que rompe con el anonimato de quien la hace al tiempo que supone la cosificación de la víctima a la que se señala por su función. Las víctimas aburren, repugnan no interesan desde un punto de vista informativo en su dimensión humana.

En esta conferencia, Federico Aznar contó cómo el terrorismo conlleva implícitamente una estrategia de comunicación que incluye negación y propaganda. Ha evolucionado para convertirse en algo más complejo que la mera búsqueda de una espiral acción reacción. “Si los discursos son trascendentes en la guerra asimétrica, el terrorismo no es sino discurso. Pero también es negación, no construcción, razón por lo que debe formar parte de una estrategia más amplia que lo apoye. Por eso tiene más fortuna cuando se combina con otros métodos como la constitución de un partido político, un movimiento de masas o una organización social. Cada uno de estos colectivos elige la fotografía con la que se identifica, la información de la que se nutre. El atentado es algo más que un lenguaje violento, es un acto de comunicación. Transmite una imagen al mundo, una realidad, un descontento y pinta el problema al que se liga en todas las esquinas de la tierra. Un conquistador se presenta siempre como un amigo de la paz”.

Y es que cada atentado es algo más que una acción entre otras. “El valor de un atentado no lo mide el número de muertos que provoca o sus efectos materiales; el criterio definitivo de valoración se establece en términos de impacto mediático primero y psíquico después. No trata de destruir las fuerzas enemigas, ni siquiera de hacer inoperantes sus medios, sino de mostrar resolución, voluntad, pero también de humillar, de quebrantar la voluntad de lucha, de  influir sobre los que tienen que tomar las decisiones, sondeando sus fuerzas morales y físicas”, indicó el ponente

El terrorista tiene ventaja para ello; su discurso, simple, reiterado es comprensible, lo que le confiere ventaja desde la perspectiva de la comunicación política. “Y como la audiencia no juzga tanto los fines pretendidos por las partes como el estado actual del conflicto y sus medios, la batalla por la opinión pública se torna difícil, máxime cuando no se consiguen explicar las razones propias por la ingente cantidad de flecos que acompañan a la realidad; una realidad que precisa no de blancos y negros sino de toda la escala cromática”, añade el doctor Aznar Fernández-Montesinos.

¿Qué busca el actor no estatal con las acciones terroristas?

  • Las ubica en el tiempo para facilitar a los medios de comunicación su trabajo y conseguir la franja de mayor audiencia. Los atentados del 11 de septiembre fueron sobre las 09.00h, para que medios de la costa Este de los EEUU dedicaran todo el día al atentado, además era la hora de los telediarios de medio día en Europa y los de la noche en Yakarta.
  • Busca un símbolo representativo del mensaje que se quiere lanzar, como cualquier publicista. Nueva York, una ciudad representativa, las Torres Gemelas, todo un símbolo de la opulencia americana muy ligada a los grupos de poder económicos   judíos, en un barrio igualmente simbólico.

  • Grandes dosis de dramatismo. Saben perfectamente que se cumple el axioma de morbosidad más actualidad es igual a audiencia. El dramatismo emociona y, como dice I. Ramonet, si la emoción que usted siente viendo el telediario es verdadera, la noticia  es verdadera.

  • El efecto multiplicador de los medios de comunicación está relacionado con la globalización de la información pero también con el tratamiento y la persistencia de la noticia en los medios. La noticia busca ser noticia y por eso multiplica el impacto porque lo busca.

Cuando alguien merece ser atacado de esa manera es que algo habrá hecho, recibir un ataque es convertirse en sospechoso además de víctima. Por otra parte, los ataques terroristas  pueden generar en la sociedad que los recibe un estado de pánico y hacerla sospechar de todo y cuando alguien sospecha de todo el mundo se termina por volver sospechoso para todo el mundo, la sospecha global puede con facilidad transformarse en sobre reacción.

El poder es por encima de todo, imagen. Su secreto es que se utiliza poco, que es potencia no acto. Y la recrea e interpreta continuamente, dando valor a unos aspectos o a otros, desde una atalaya cuyo principal atributo es erigirse y ser constructor de la verdad, de modo que el poder se ejerce a través de su producción. La verdad propia debe explicitarse y la forma más barata e indiscutible de hacerlo es a través de una fotografía. La foto que se proporciona al telespectador no es completa, esta empaquetada para hacerla inteligible en el sentido deseado; con la cámara, desde una posición de partida, se escoge la porción de verdad que se quiere transmitir y se desecha el resto, lo cual es artificial. La cámara pasa a ser por su capacidad de creación de la realidad un instrumento de la política.

Sociedad posmoderna 

Y es que las sociedades postheroicas viven en el presente, no están ligadas por el pasado y cuya aquiescencia es imprescindible en los conflictos que se hacen en su nombre a través de las decisiones de sus representantes electos. Decisiones que, por otra parte, no sienten que les comprometan; están desenganchadas, ejercen el derecho al voto pero muchas veces no asumen la responsabilidad de tal ejercicio. Con todo, el hombre posmoderno soporta peor el desorden en su complejo entorno y la inseguridad que el primitivo. Estas sociedades no disponen de tiempo para elaborar sus juicios, su información es no pocas veces deficiente. Una imagen en este contexto lo es todo, una explicación completa irrebatible y de una simplicidad extraordinaria, de ahí su valor en los conflictos. Una imagen a la hora de las noticias evita tener que leer un libro. ¿Cómo se puede explicar un conflicto como el de Kosovo con el tiempo que se le asigna en los noticieros? Escogiendo la foto adecuada puede hacerse; la cuestión es que el dramatismo, la simplificación tienen grandes valores explicativos, cuando en la guerra moderna, no pocas veces, intervenir significa escoger al malo porque todos lo son.

En el plano ofensivo, los bombardeos mediáticos con consignas están destinados a destruir el pensamiento reflexivo para sustituirlo por una sucesión de imágenes sin solución de tiempo y espacio elaboradas por la contraparte. Sustituir el discurso o forzar su reinterpretación desde nuevos parámetros es de la máxima relevancia. No se trata de una colonización militar para el control de un territorio, sino de una colonización mental con vistas al ejercicio del control de una sociedad. El poder es estar presente, influir, según expuso este capitán de fragata.

La gente cuenta historias sobre sus vivencias, sus experiencias y el significado que esas experiencias tienen para sus vidas. Todas las sociedades tienen historias sobre su pasado y presente, que en ocasiones se convierten en narrativas, pues añaden una dosis de mito. Las historias se van adornando, se enriquecen, se tiñen de ciertas dosis de heroísmo, también de sufrimiento.

Discurso cambiante      

Pero el discurso no es inmutable, evoluciona, se adapta; cambia, para mantenerse vivo. Es un concepto amplio que abarca desde lo racional hasta lo irracional, pues su objetivo final es influir sobre las percepciones, y estas pueden ser racionales, o no. Cualquier transmisión de información tiene cabida en el discurso, independientemente del medio empleado. Las nuevas tecnologías de la información están facilitando que cada vez sea más fácil para las partes difundir su discurso, empleando para ello varios medios simultáneamente.

El discurso modela y conforma el conflicto, mientras que el conflicto influye y condiciona el discurso. Uno y otro se relacionan de forma indisoluble, pues ambos son partes de un todo. Y es que las narrativas importan en el ámbito político, y mucho, pues proporcionan racionalidad, y lo que es más importante, legitimidad: "La política no responde a hechos, sino a percepciones, y éstas son en parte construidas a partir de esos relatos y narrativas“. Glucksmann ensalza la importancia del discurso hasta lo imaginable: “El campo de batalla se reduce a un choque de discursos en que el mejor discurso gana”.

Las narraciones son una forma de interpretar el mundo que parte siempre de una arcadia feliz surgida de la violencia, y se permite explicar el futuro utilizando el pasado, reescribiéndolo en nombre del futuro pretendido. La narración es la parte espiritual de la violencia, una selección de hechos que recrea una mirada al mundo, una lectura siempre sesgada que escoge las fuentes de las que nutrirse.

Debe existir un discurso propio, no completamente ajeno al de la contraparte, pero sí con un fundamento específico y vida autónoma que tenga bien presente la situación final deseada para poder conseguir el alineamiento de los objetivos y de las acciones. No disponer de él supone el desencaje de los planos táctico, operacional y político, con lo que poco puede lograrse. No caben estrategias de corte reactivo (es una contradictio in terminis), y deben formar parte de una cuerda más amplia que incluya lo operacional y lo político.

Las narrativas aportan coherencia y racionalidad al relato, y hacen más inteligible la realidad; la narrativa se construye con un fin, y por tanto responde a las expectativas. Las narrativas incluyen roles, asignan funciones, censuran unas conductas y alaban otras, pero lo más interesante de las narrativas es precisamente lo que no incluyen lo que dejan fuera como si no existiera. Porque no interesa, y si no interesa, no existe.

Tal vez parezca un contrasentido, pero es así; las narrativas se presentan como racionales, pero son emocionales y tratan de influir sobre las percepciones. Por eso es tan interesante lo que excluyen, pues se trata de reforzar el discurso, de reforzar el mensaje y la fuerza de la palabra. Y el discurso se refuerza, precisamente, omitiendo lo que lo debilita. La inarración se dirige al sentimiento, incluso a la pasión y a la imaginación en pos de lo maravilloso. Encuentra su alimento en las grandes palabras e  ideas con una connotación escatológica, tales como la libertad, la igualdad, la justicia, la felicidad o la paz, sin que jamás se precise el contenido de estos conceptos y sin que se especifiquen las condiciones de su actualización, posible con la acción política y económica concreta e inmediata…no tiene nada de pensamiento individual y crítico formado por la duda y una información metódica.”

La ideología permite una aproximación omnicomprensiva al hecho del que pretende proporcionar una explicación y que rechaza – si no los promueve como dogmas – aquello que queda fuera de la lógica que construye. Como sostiene Munckler “la concentración en las fachadas ideológicas… satisfacía al mismo tiempo la necesidad de abarcar fácilmente con la vista el panorama y verlo con facilidad.” Con la narración se busca el control mental del grupo, se crea una gigantesca fachada de la que nada puede escapar y todo lo llena; es una explicación irrebatible que elimina el pensamiento reflexivo y lo sustituye por una información procesada desde fuera de antemano e impuesta a través de una lógica exterior e invisible que muestra todo como natural. Así, si la narrativa se impone, un mero grupo de terroristas se constituye en un movimiento social actuando como el polo de un imán.

Solución

La única solución es el largo plazo, la modificación de los hitos hecha a través de la pedagogía, la sustitución de las referencias que acabe por constituir una nueva forma de mirar al mundo integrando conceptos, ideas y valores antes excluidos constituyéndose en un nuevo marco para el análisis.

Las narrativas interpretan la realidad con cierta dosis de mito e inexactitud, pero aportando coherencia al relato, legitimidad al discurso, y lo más importante, racionalidad a los hechos descritos, pues a pesar de ser emocionales, se presentan como racionales. Se construyen alcanzando un adecuado equilibrio entre realidad y ficción, entre los hechos y el mito. Y se construye en libertad, sin atender a injerencias, y por tanto, se refuerzan las ideologías y se omiten las debilidades. Lo más interesante de las narrativas es precisamente lo que no incluyen, lo que ignoran, lo que descartan, pues es ahí, en su debilidad, donde se encuentra su vulnerabilidad, su fragilidad y la forma de combatirla.

La narrativa también evoluciona, se reinventa, se adapta, y presenta el cambio como natural. “Lo blanco se vuelve negro, lo negro verde, lo verde blanco, pero la narrativa lo presenta con coherencia, con naturalidad, con credibilidad. Los perseguidos son ahora perseguidores, los perseguidores, perseguidos, la victoria se transforma en derrota, y la alegría en sufrimiento. La narrativa casi siempre se convierte en obstáculo para la paz, pues las diferentes partes del conflicto elaboran sus propias narrativas con libertad para justificar y legitimar su discurso, Pero el conflicto no se resuelve, las ideas no entran en confrontación y la batalla ideológica no se presenta. Para alcanzar la verdadera paz, hay que liberar al conflicto de las causas que lo causaron, de las que lo alimentaron y de las que amenazan con su repetición. Entre todas estas causas, las narrativas son protagonistas de excepción. A la narración no se la puede dejar viva, pero no hay que desmontarla, hay que crear una mejor.

 La muerte

Otro aspecto psicológico muy importante es el de todo lo que rodea a la muerte, lo que podemos llamar Ritos de la Muerte. “La muerte violenta ha desaparecido de nuestras sociedades de no ser por los accidentes de coche, los suicidios o la represión estatal. Paradójicamente, la tasa de suicidio es, en los países occidentales (excepto en EE.UU. que la iguala), de 10 a 20 veces más alta que el asesinato común. En primer lugar estaría la propia estética de la muerte. Hay múltiples ejemplos de fascinación humana por la muerte. Uno de ellos podría ser el de las ejecuciones como espectáculos de masas, algo presente en casi todas las culturas humanas en un momento u otro de la Historia.

"Si la muerte es importante, el matar llega a dominar voluntades. La capacidad de matar tiene más trascendencia que la de dar vida. Un pequeño grupo terrorista puede amedrentar a toda una sociedad porque tiene el poder de matar. También es importante el culto a los muertos. Los modernos héroes son efímeros y a veces virtuales, pero su muerte sigue llamando poderosamente la atención. En primer lugar habría que referirse a los enterramientos y demás, pero también a los homenajes y monumentos específicamente militares, tales como la tumba al soldado desconocido..."

Merecen destacarse las ejecuciones públicas en cuanto que morbosos espectáculos de masas. De hecho, la mayoría de las revoluciones se sancionan con la ejecución de los líderes depuestos, como expresión de firmeza y manifestación  de la voluntad de no retorno; tal es el caso de Carlos II de Inglaterra, Luis XVI, Robespierre, Nicolás II…. y también de Saddam Hussein. Danton proclamaría: “los reyes coaligados entre sí nos amenazaban y nosotros arrojamos a sus pies como desafío ante la batalla, la cabeza de un monarca.”

Crisis

No existe acuerdo en general sobre el origen de la palabra crisis. Parece ser que proviene de la palabra latina crisis, que a su vez procede de la griega de igual fonética –crisos- y se refiere a cambio. También se ha sugerido que proviene del verbo griego krinein que tiene un significado de decidir.  Inicialmente fue utilizada con referencia al curso peligroso tomado por una enfermedad. En estas situaciones era necesaria una rápida decisión. Hoy, el sentido que encierra esa palabra es mucho más amplio y se aplica al giro peligroso que pueden tomar ciertos acontecimientos políticos, económicos o militares, en los cuales hay que tomar algunas decisiones y acciones para restablecer la normalidad. En otras palabras, a lo que se puede entender como un momento decisivo. De la misma manera que el médico reacciona ante un enfermo, desde un punto de vista político, las consultas y decisiones políticas deben efectuarse antes de que una controversia alcance su punto crítico, lo que, si no implica forzosamente el uso de la fuerza, tampoco la excluye, y el temor de que esto ocurra es lo que motiva esas grandes precauciones que actualmente existen por conocer los mecanismos por los que se rigen la prevención, control y conducción de las crisis.

Según el Crisis Comunication Hamdbook de la Agencia de Energia Sueca, la experiencia obtenida muestra que la comunicación compromete entre el 70 y el 80% del tiempo dedicado a la gestión de crisis. A primera vista la comunicación en una crisis puede parecer una distracción del trabajo urgente de respuesta, pero en realidad de lo que se trata es de un elemento integral y esencial de la gestión. Y esta no sólo se refiere a las relaciones con los medios sino también a la distribución interna de información, un campo en el que se ha demostrado que suele existir carencias, sobre todo a la hora de compartir información entre departamentos.

Importancia de la comunicación en la gestión de crisis:

  • Una crisis siempre es noticia y además noticia interesante y por tanto atraerá queramos o no a los medios de comunicación, luego debemos estar preparados para gestionarlos.

  • La reputación puede ser ganada, perdida o mantenida, simplemente a base de una estrategia comunicativa, sin importar lo que realmente ha ocurrido.

  • La percepción o la imagen es crucial en un mundo tan mediatizado como en el que vivimos, donde la imagen que se da puede ser incluso más importante que la realidad.

  • La imagen que llega a la opinión pública de una crisis y su gestión, es la que crean los medios, por tanto una persona u organización no sólo tiene que hacer algo constructivo, sino que tiene que ser visto por los medios lo que está haciendo para que llegue a la opinión pública.

  • Una mala gestión comunicativa puede incluso empeorar la crisis y prolongar su resolución, ya que todas las crisis conllevan una crisis de información y si se falla en la gestión de esta crisis de información, se fallará en el control de la crisis general, incluso en sus aspectos operacionales.

  • Nada existe sino es publicado, ni siquiera la propia crisis. Todos los esfuerzos en su resolución o todos los fracasos, no serán tenidos en cuenta sino son publicados.

  • El éxito o fracaso en la gestión de la crisis lo va a decidir la opinión pública y va a depender fundamentalmente de la imagen que se haya dado, incluso más que de los hechos objetivos

El antiguo director de comunicaciones de la presidencia británica, Michael Grannat, estableció en 1999 lo que denominó la progresión de la respuesta de los medios de comunicación a una crisis:

  • Estallido: ocurre inmediatamente después a la producción de la crisis, se produce una avalancha de los medios sobre la escena de la crisis, para intentar encontrar respuesta a las clásicas preguntas de qué, dónde, cuándo, porqué y cómo, e intentar obtener imágenes.
  • Investigación: intentar construir un relato de los hechos y encontrar toda la información relevante posible acerca del evento.

  • Caza del hombre: los medios se lanzan a la búsqueda de algún culpable, error y chivo expiatorio.
  • Epílogo: es a largo plazo y se encarga de seguir las acciones que se corresponden con las etapas de conclusión de la crisis, como son la reconstrucción, afectados, juicios etc., y es cuando se realizan los documentales.

"Decía  Gandhi que los fines valen lo que valen los medios, no existe tabique entre ambas categorías; el Creador sólo permite intervenir en la elección de los medios, de modo que sólo el análisis de los medios posibilita ver si se ha alcanzado el fin. Los medios impuros sólo llevan a fines impuros. Hay que escapar a la lógica acción reacción y ser firmes en la fe, en el discurso propio, no alterarlo porque ellos lo pretendan porque esa es su victoria, arrebatarnos nuestra legitimidad. No hay que destruir su narrativa, no hace falta, se desmorona sola; se precisa poner en valor la nuestra, nuestros hitos, nuestras referencias; comunicar, explicar, enseñar, soñar.

Entonces el crimen se convierte además en una estupidez de la que la imagen se convierte en testigo eterno del crimen y de su futilidad y sirve para dignificar a las víctimas que una vez cosificó al convertirlas en espectáculo, un espectáculo cuya dimensión humana aburre y queda al margen de las noticias. La dimensión humana nunca es espectáculo; viudas y huérfanos rara vez son informativamente atrayentes cuando se les contrapone con la sangre. No hay estrategias reactivas que merezcan el nombre de estrategias; hay que mantener la agenda, el debate y dejar que las policías hagan su trabajo. Una ciudad brilla en lo alto del monte y lo seguirá haciendo mientras sus moradores no apaguen sus luces", señaló el doctor Aznar.

Estrategia española de seguridad 2021

  • Prevención
    • Potenciar desarrollo e implantación Plan Estratégico Nacional Lucha contra la Radicalización Violenta (PEN-LCRV).
    • Reforzar  mecanismos lucha financiación terrorismo.
    • Reforzar contribución España lucha terrorismo a nivel internacional en  OTAN y UE y OTAN.

    • Reforzar testimonio víctimas como mejor vía contrarrestar narrativa terrorista.

    • Fomentar el diálogo intercultural e interreligioso.

  • Protección
    • Robustecer capacidades nacionales de lucha contra terrorismo y la cooperación y coordinación de esfuerzos contra el terrorismo entre los distintos organismos implicados a nivel nacional.

“Cuando se está decidido y se ha fijado la voluntad a ese respecto, entonces se pregunta uno lo que el adversario puede hacer para contrariarnos. Si se sigue el método inverso, es decir, si se busca primero lo que el adversario puede hacer y si de ellos se deduce lo que debemos hacer nosotros, se subordina uno a las intenciones del enemigo, se deja dictar la ley por él y se priva de uno de los medios más preciosos para triunfar en la guerra, es decir, la iniciativa”, señala  Julius von Verdy du Vernois, citado por el ponente.

El terrorismo en su lucha contra la democracia sólo puede prosperar cuando se cometen errores luchando contra él. La reacción es más peligrosa que la acción que la causa. No hay nada peor que aceptar y asumir las propuestas del enemigo, esto es, reaccionar como ha previsto, así como los tiempos que este marca.

Fracaso de la guerra sucia

  • No es resolutiva.
  • Subordina la política a la táctica.

  • Iguala a las partes.

  • Pérdida de legitimidad.

  • El centro de gravedad es la narrativa no los terroristas.

 Muchos pensadores se han atrevido a formular su visión particular de lo que ese futuro puede depararnos, entre otros:

  • Los Toffler hablan de guerras de la tercera ola, como hemos visto. También, y sin que tenga nada que ver con las olas de los Toffler, se habla de conflictos de cuarta generación.
  • Fukuyama sostiene que la Historia (considerada como sucesión de conflictos) ha terminado toda vez que el sistema democrático de corte occidental se ha manifestado como la única opción política estable y viable.

  • Huntington cree que la fuente fundamental de conflictos en el nuevo mundo no será primordialmente ideológica ni económica sino cultural: el famoso “Choque de Civilizaciones”.

  • Michael Klare, en cambio, piensa que el futuro nos depara una lucha denodada por los recursos (petróleo, agua...).

  • Clausewitz. Por ello, hay un área gris entre la paz y la guerra, lo interno y lo externo, los negocios y la política, lo civil y lo militar o lo nacional y lo multinacional. Y las fronteras se desplazan a conveniencia entre lo público y lo privado, la privacidad y la vigilancia, la libertad y el control, lo nacional y lo transnacional… con toda la inestabilidad e inseguridad que ello trae consigo. Una cuestión similar es lo que sucede con el conflicto y la guerra.

  • Carl Schmitt sostiene que “lo clásico es la posibilidad de llevar a cabo distinciones claras entre lo interior y lo exterior, entre la guerra y la paz y, durante la guerra entre lo militar y lo civil, entre neutralidad y no neutralidad. Cada término puede reconocerse por separado y no desdibujarse de forma intencionada. Incluso en la guerra todos tienen su estatus en cada lado… la regulación y la clara delimitación de la guerra suponen una revitalización de la hostilidad. Toda relativización de este género representa un gran progreso en el sentido de la humanidad…lo que no constituye en modo alguno un progreso  para la humanidad es proscribir la guerra…y desencadenar en su lugar, en nombre de la guerra justa hostilidades revolucionarias de clase o raza que no están ya en condiciones de distinguir entre enemigo y criminal y que tampoco lo desean”.   

 

 

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