
OURENSE, 20 de noviembre de 2025. El filósofo, matemático y dramaturgo Juan Antonio Mayorga Ruano fue recibido en la UNED como su primer egresado investido Doctor Honoris Causa en un solemne acto que estuvo presidido por el rector, Ricardo Mairal Usón, al que acompañaba en la mesa el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, además de la vicerrectora de Calidad y Acreditación, Rebeca de Juan Díaz; la vicerrectora de Tecnología, Rocío Muñoz Mansilla y la secretaria general, Elena Maculán. Asistieron autoridades del Gobierno, del Parlamento y de la Comunidad de Madrid además de alcaldes y alcaldesas de los municipios de Madrid, entre otras autoridades civiles y militares.
Tan pronto como los académicos se sentaron, se le dio la palabra a la secretaria general para leer el acta en la que consta el nombramiento de Mayorga Ruano como Doctor Honoris Causa.
El rector llamó a la sala al nuevo doctorando, saliendo del salón su padrino, el catedrático José Romera Castillo, en comitiva con el macero mayor y los pajes. Desde el vestíbulo, se volvió a formar la comitiva para entrar en el salón, en primer lugar el macero mayor, el padrino a la izquierda y el doctorando a la derecha, precedidos ambos por los pajes.
Fue el profesor José Romera Castillo quien pronunció la laudatio de Juan Antonio Mayorga Ruano destacando una tríada laica fundamental que une lo personal con lo intelectual: las matemáticas, la filosofía y el teatro. Mayorga se licenció en Matemáticas por la Universidad Autónoma de Madrid en 1998. Ese mismo año, se licenció a la vez en Filosofía en la UNED y en 1997 se doctoraría en esta disciplina con premio extraordinario, estudiando La filosofía de la historia de Walter Benjamin. El haber visto siendo estudiante de BUP una representación de Doña Rosita la soltera, de García Lorca, le marcaría, formándose después en Londres, París, Berlín y Münster.
Romera castillo citó más aspectos o teselas del homenajeado, como su actividad docente, como profesor de Secundaria "y como docente en la Autónoma de Madrid, la RESAD y sobre todo en la Carlos III donde dirige un Máster sobre creación teatral". Otro aspecto importante en Mayorga es, dijo Romera, es el ámbito de la investigación tanto en el campo filosófico como en el teatral. Y mencionó "la labor más sobresaliente de Juan Mayorga, que ha sido su entrega férrea al mundo del teatro", fijándose en algunas claves de su dramaturgia. Como dramaturgo, el nuevo doctor honoris causa por la UNED "es una figura indiscutible muy sobresaliente en el panorama teatral actual (junto a Angélica Liddell son los dos creadores más internacionales), ha publicado más de 40 obras largas y unas 44 piezas breves".
Mayor ha sido director teatral, dirigiendo una decena de montajes de sus obras, creó compañías teatrales y desde febrero de 2022 es director artístico del Teatro de La Abadía y el Corral de Comedias de Alcalá.
Pero Juan Mayorga, según destacó su presentador, ha realizado actualizaciones y versiones teatrales, sus obras han sido traducidas a cerca de 40 lenguas y se escenifican "en numerosísimos lugares del mundo". El homenajeado es académico de número de la Real Academia Española, Premio Princesa de Asturias de las Letras; Premio Nacional de Teatro, Premio Nacional de Literatura Dramática además de otros como Ojo Crítico, Max, Talía, Born, Enrique Llovet, Caja España... Y ahora recibe el Doctorado Honoris causa por la UNED siendo, dijo Romera Castillo "quizás el primer alumno de esta universidad que alcanza tan distinguido galardón".
Juan Mayorga agradeció al profesor Romera Castillo y a quienes como él, promovieron que se le concediese este doctorado Honoris causa. Gratitud y, además, emoción que siente hacia la UNED, a la que está vinculado desde 1983 cuando se matriculó en Filosofía, licenciándose y doctorándose. "Estar hoy aquí lleva mi memoria o mi imaginación a aquellos primeros días en la UNED. La lleva, sobre todo, a las compañeras y compañeros con que me encontré, que habían llegado a nuestra universidad por muy diversos caminos. Además de quienes, como yo, compaginaban carreras, en mi quinta había varias amas de sus casas, un mecánico, una abogada, un piloto del ejército, un camarero sindicalista y una informática que entró heideggeriana y salió neoplatónica. Gente, por lo general, con muchas ganas de aprender y que se ponía a estudiar donde se pudiese abrir un libro y en cuanto surgiera un rato para hacerlo".
Mayorga tiene claro, dijo, "que la UNED tiene un valor social extraordinario, pues ayuda a que se sostengan y ahonden vocaciones que quizá se frustrarían de no existir una institución así. Por su carácter, la UNED es, más que cualquier otra, una universidad para todas y todos, por distantes -no solo en sentido geográfico- que sean sus circunstancias. La UNED ha ayudado a muchas personas a acercarse al conocimiento y la crítica. En tiempos en que uno y otra están amenazados, esta universidad es incluso más importante que cuando nació".
Declaró que la UNED le llevó a "asuntos y perspectivas que se me volvieron fundamentales, esto es, que me fundaron. Uno de los pensadores con los que aquí me enfrenté por primera vez fue Walter Benjamin, a quien dediqué mi indagación doctoral y de cuya obra me confieso dependiente. Entre otras, le debo una idea que no dejo de tener en cuenta siempre que entro en un aula, y que quiero compartir ahora con personas a las que reúne un proyecto educativo. Dice Benjamin que la escuela -y podríamos decir, en vez de “la escuela”, “la universidad”- debería ser no el lugar de dominio de una generación sobre otra, sino un lugar de encuentro de generaciones. Esa de la escuela como sitio en que las generaciones se citan -sitio de intercambio de experiencias y preguntas- me parece una imagen bien fértil, y pienso que una sociedad cuyas instituciones educativas estuviesen animadas por ella sería más rica, más justa y más capaz de resistir".
Citó, además, a María Zambrano, "que importa al estudiante que no he dejado de ser y al enseñante que aspiro a ser. Según Zambrano, a quien también descubrí en la UNED, el alumno comienza a serlo 'cuando se le revela la pregunta agazapada dentro, la pregunta que, al ser formulada, es el inicio del despertar de la madurez, la expresión misma de la libertad. No tener maestro', dice Zambrano, 'es no tener a quién preguntar y, más hondamente todavía, no tener ante quién preguntarse".
"En la UNED, entre mis profesores y compañeros, encontré ante quiénes preguntarme y preguntas para las que todavía busco respuesta. Preguntas decisivas para la vida que he vivido, para la filosofía que he intentado practicar y para el teatro que he elegido escribir", manifiesta Mayorga, para quien, la filosofía es "un puñado de difíciles preguntas siempre urgentes que nunca encuentran definitiva respuesta. No es facultad, disciplina o materia entre otras, sino una vocación, cuya raíz es el asombro, de interrogar a todas las materias, disciplinas y facultades y de someterse al interrogatorio de ellas. Un plan de vida al que todos estamos convocados. Todos estamos llamados a ser filósofos, a preguntar y a exponernos a la pregunta".
La filosofía así entendida "ha ahormado mi teatro, en que a menudo comparto con el espectador preguntas que no sé contestar. Y son sobre todo preguntas lo que tengo en la cabeza cuando menciono el pensamiento, junto a la acción, la emoción y la poesía, como una de las cuatro fuerzas del teatro que amo y del teatro al que aspiro. Solo nombro el pensamiento en cuarto lugar, pero que también lo mencione expresa la convicción de que el teatro vale más cuando también es filosofía, o sea, cuando pregunta y recela de cada respuesta".
Expuso Juan Mayorga que, a primera vista, la distancia entre la filosofía y el teatro "parece tan insalvable como aquella que separa lo abstracto y lo concreto, lo general y lo particular, los conceptos y los cuerpos, las ideas y sus sombras. Sin embargo, teatro y filosofía no han dejado de afectarse. Nacieron juntas y en seguida se miraron, desafiándose".
Relató cómo desde su nacimiento, "el teatro dio que pensar. Su existencia misma dio que pensar: ¿por qué el teatro? ¿Por qué esa asamblea en que unos representan, ante otros, posibilidades de la vida humana?". Y también desde el principio, "los escenarios se revelaron como espacios de circulación y crítica de las ideas, e incluso de su alumbramiento. El teatro pronto demostró capacidad no solo para recoger el pensar, sino para provocarlo. Primero, porque cuando da cuerpo a personajes que defienden sus ideas hasta el final -hasta la muerte-, de la confrontación de esas ideas puede surgir otra, la del espectador; segundo, porque a veces consigue llevar a representación aquello que la filosofía no ha sabido nombrar y suspender ante la ciudad la pregunta que el filósofo aún no ha formulado. Y así ocurre que del combate de las voces de Creonte y Antígona, entre ellas, nace una voz tercera que el poeta no escribió, y sucede que La vida es sueño, Woyzeck o Casa de muñecas, antes que reflejar filosofías, las anticipan".
Si el teatro permite a Mayorga formular preguntas a las que no sabría dar forma fuera del escenario, "el teatro me da ocasión de crear personajes que defienden posiciones muy alejadas de las mías. El carácter dialógico del drama, el hecho de que, en escena, la palabra esté dividida, me deja alejarme de mi propia palabra. El teatro me permite tomar, respecto de mí mismo, distancia. Voy a detenerme unos minutos ante esta palabra que da nombre y carácter a nuestra universidad y designa una magnitud importante para el arte teatral tal y como yo lo entiendo, igual que para el hacer filosófico tal y como procuro practicarlo", por eso aceptó el riesgo de esbozar en la UNED una caracterización del teatro "y quizá, entre líneas, de la filosofía, como arte de la distancia. Apenas unos trazos que presento en la esperanza de que alguien que me escuche pueda mejor tramarlos".
Y así, Mayorga indicó que en los escenarios puede ser esencial la distancia de un personaje a un objeto: la de Macbeth respecto del puñal con que teme matar al rey Duncan o la de Otelo hasta el pañuelo de Desdémona y, desde luego y sobre todo, la que separa dos personajes. Las mismas palabras tienen distinto significado pronunciadas al oído o dichas desde lejos. En la escena segunda del segundo acto de Romeo y Julieta, importa que él se halle en el patio y ella en el lejano balcón, y cada frase de su célebre diálogo es imantada por esa distancia insuperable. No menos importante es la pequeña y, sin embargo, infinita separación que se abre entre las solitarias criaturas de Chéjov. Así como hay mil comedias de todos los tiempos construidas hacia el abrazo final de los amantes. Sí, sin duda la distancia física es importante en un escenario. Pero no es la única que cuenta para el teatro".
El nuevo doctor honoris causa por la UNED citó su pieza Noli me tangere, intentando recuperar lo que un día sintieron en el Museo del Prado ante la pintura homónima de Correggio, un hombre habla a una mujer de una línea que va desde la mano derecha de María Magdalena hasta la izquierda del Resucitado. El personaje dice: 'Para ver la diagonal, hay que tomar distancia'. Puesto que, a su juicio, esa diagonal encierra el secreto último del cuadro, lo que está afirmando es que, para ver lo más importante de él, hay que alejarse de la superficie pintada. Pero acaso esté hablando también de la obra teatral en que él participa y del teatro mismo. Porque es tarea fundamental en el teatro elegir la distancia desde la que se propone al espectador que mire, escuche y piense. Y es que solo a cierta distancia algunas cosas se vuelven visibles, audibles y pensables".
Cierto es que si nos alejamos, como espectadores, demasiado, podemos no fijarnos en algo que el ponente considera importante. "Sobre ello habla, me parece, el anciano de mi obra El cartógrafo cuando instruye a su nieta acerca de ese oficio: 'La fuerza de un cartógrafo', dice, 'es su capacidad para mirar y elegir lo esencial. Mirar, escoger, representar: esos son los secretos del cartógrafo. Con unos pocos signos, el cartógrafo ha de dar a ver un mundo. Cualquier signo vale si habla claro, el mapa debe hablar a primera vista. No lo hacemos para nosotros, sino para alguien que un día lo mirará, quizá dentro de mil años. ¿Qué queremos que él vea? Ahí aparece la cuestión de la escala. Las cosas importantes solo se ven a pequeña escala. Dos ejércitos a punto de entrar en combate: es fácil representar el número de soldados, su ubicación, su armamento... Pero ¿y las razones de unos y otros para morir?, ¿y el valor y el miedo de un soldado? Es fácil dibujar una calle, pero ¿y un instante de vida en esa calle?”.
Por eso, dijo, según el viejo cartógrafo, cosas importantes como el valor, el miedo o un instante de la vida “solo se ven a pequeña escala”. 
En su carácter moral hay dos preguntas, "relacionadas pero que no deben confundirse, a las que el teatro viene dando muy diversas respuestas desde su primer día: ¿qué distancia ha de haber entre el espectador y el personaje, y entre este y el actor que lo interpreta? Podría redactarse una historia del arte escénico atendiendo a esas respuestas. Se hallarían formas teatrales que han buscado la identificación del espectador con el personaje y otras que han perseguido alejar este de aquel, así como escuelas de interpretación que propugnan fundir actor y personaje y otras en que el actor, al tiempo que actúa el personaje, lo observa y aun lo juzga. Hay una palabra de la jerga teatral que sirve para pensar en todo ello: distanciamiento.
Defendió Mayorga que el teatro es arte de la distancia "en tanto que su esencia es el desdoblamiento. Cada cosa en el escenario está allí para que en la imaginación aparezca otra. Los cuerpos, los objetos, las luces y las sombras, los sonidos y los silencios, todo eso está en vez de cuerpos, objetos, luces, sombras, sonidos y silencios distantes. El teatro tiene su raíz en la siguiente paradoja: el espectador comparte lugar y tiempo con un actor que hace de Segismundo, pero, si sucede la transfiguración teatral, si aparece Segismundo, ese encuentro llevará a ambos, actor y espectador, a otro lugar y otro tiempo".
"Si la ficción es todo aquello que podemos pensar pero que no está sucediendo, el teatro es ese sitio donde la ficción, sin embargo, sucede. Como la cueva de Montesinos, el teatro lleva, a quienes entran en él, lejos de quienes suelen ser. Así les permite examinar la vida que viven e imaginar otras vidas. Por eso acostumbro a figurármelo como una elipse cuyos focos son la crítica y la utopía. El teatro nos da a ver lo que hay y lo que todavía no es; lo que somos y lo que podríamos ser". ¿Cuánto hemos de distanciarnos de algo para verlo?, me preguntaba antes. Habiendo llegado hasta aquí, me digo que hay cosas que quizá solo podamos ver cerrando los ojos. Cosas que no podemos ver con los ojos, sino con la distancia de la imaginación. Los griegos, maestros de la distancia, apartaban del escenario algunos hechos, los más importantes. La representación de esos hechos, pensaban, solo podía darse, invocada por la palabra, en la imaginación del espectador".
De vuelta a Noli me tangere, dijo Mayorga, y a la frase "Para ver la diagonal, hay que tomar distancia', recordemos que Correggio no pintó esa línea en el lienzo, sino en la mente del espectador. Solo este puede pintar, desde la mano derecha de la mujer mortal, volcada hacia la tierra, hasta la del hombre resucitado, que señala el cielo, una línea cargada de tensiones. Tampoco es mostrado ese cuadro sobre cuya interpretación disputan los personajes en escena. Mi anhelo es que los espectadores lo pinten en sus mentes. Así como no enseño en La colección aquella que da título a la obra, ni muestro en El cartógrafo el mapa que la protagonista busca obsesivamente. Y, desde luego, no presento la violencia física que en Himmelweg, en Hamelin o en la propia El cartógrafo sufren las víctimas. Solo un espectador puede hallar, si se atreve, en su propio interior, esa colección, ese mapa, esa violencia". Para ese espectador hace teatro Mayorga, para "alguien que ojalá vea, escuche, lea lo que yo no he escrito. También para ese espectador he escrito este acto. Un acto teatral, pues basta que una persona tome la palabra ante otras que acuerdan mirarla y escucharla para que aparezca el teatro. La voz y el gesto de un ser humano al que otros prestan su atención, lo estamos experimentando juntos, crean un espacio y un tiempo compartidos. Crean un nosotros, que es la persona gramatical del teatro.
Hay sentidos de las palabras que solo pueden aparecer en la tensión de una distancia". 
Rector
El Rector de la UNED, Ricardo Mairal Usón, dio un primer saludo al Director de la Real Academia Española. "Me siento muy honrado por su presencia en este acto tan significativo para nuestra comunidad universitaria. Son muchas las convergencias que nos unen pues en las dos instituciones que tenemos el orgullo de representar reside la palabra, esa palabra racional que nos permite generar conocimiento y desarrollar un concepto integral de la cultura abierta a la innovación, conducente hacia la modernización crítica y presidida por la excelencia académica y la calidad".
Luego se dirigió a Juan Mayorga, calificándolo como "uno de nuestros dramaturgos referentes en el ámbito español y latinoamericano, como ha glosado el profesor Romera en su Laudatio. Su nombramiento viene a ser un ornato sin igual dentro de nuestro Claustro, al que otorga una luminosidad, inteligencia y singular erudición comunicativa. Querido Dr. Mayorga, es un honor contar con su presencia en nuestro Claustro de Profesores y poder disfrutar y aprender de su magisterio. Muchas gracias por aceptar nuestra distinción".
Ricardo Mairal dibujó en su discurso la cartografía de un mapa llamado Esperanza. "Vivimos en un mundo fragmentado, como afirmaba Pere Quart, un mundo dividido -dividido por esos surcos que separan a la opulencia y la miseria, al ansia de dominio y la impotencia, a la ilusión de vivir y la desesperación- un mundo fragmentado y herido en el que parece premiar la inmediatez, la capacidad de presión y de transgresión de límites establecidos, el ejercicio de la autoridad con mano dura, la arrogancia, la apatía cómplice y el avasallamiento. Y, sin embargo, lo que probablemente más necesitamos es precisamente lo contrario: espacios de pausa y contemplación, un respiro que nos permita recuperar la serenidad y la templanza; la reflexión pausada y ecuánime, la prudencia y el pudor. Así como el inteligente cuestionamiento del pensamiento crítico compartido que nos ofrece el teatro mayorgiano".
En este contesto, señaló el rector, cuando piensa en la obra de Juan Mayorga, "imagino un mapa extendido sobre la mesa de la conciencia y quisiera en mi intervención compartir con Uds. e invitarles a diseñar la conciencia presente en la cartografía de un mapa que hoy se torna más que necesario en estos momentos: la cartografía de la Esperanza, donde cada coordenada es un dilema moral y cada escena, una llamada a la responsabilidad del espectador, antes que territorios, representa 'regiones del alma', de las palabras, su reverso, los silencios, la memoria, la verdad, la escucha, la prevalencia de la razón, la emoción y el corazón, orientados al progreso de las sociedades y al entendimiento entre quienes las forman; un mapa que reivindica el coraje de la virtud individual y civil, orientada por el deseo ejemplar de la excelencia y la compresión constante de nuestros límites; un mapa que reclama el respeto a la integridad física y a la dignidad inalienable de todas las personas, pueblos y culturas; un mapa que nos apela a entusiasmarnos y maravillarnos ante lo desconocido, ante la búsqueda de la verdad, que es la quintaesencia de la investigación", manifestó Ricardo Mairal. Y añadió que "cada coordenada de este mapa de la esperanza no solo nos orienta, sino que nos interroga delimitando no solo un espacio físico sino un límite moral".
El compromiso social
Este mapa de la esperanza ocupa un territorio situado entre los extremos del dogmatismo, egocéntrico y arbitrario, y el relativismo, fruto de la apatía cómplice, la falta de criterio e incluso el narcisismo pusilánime, y traza un camino que aspira a saber más y mejor con un compromiso social destacado, denunciando con valentía la sevicia de los tipos más repudiables de la sociedad, como hace Mayorga con los pederastas en Hamelin, o condenando la barbarie de la violencia indiscriminada y de la deshumanización, como hace Mayorga en Himmelweg (Camino del cielo) y El cartógrafo-Varsovia, 1:400.000, o, logrando remover nuestras conciencias, como en Palabra de Perro". Señaló el ponente que Mayorga nos interpela hacia el compromiso social y a no dejar nuestra tarea en manos de una creencia: "la creencia en el Progreso como involución, que arrasa el pasado, y nos invita a crear una balanza, a modo de equilibrio, entre Pasado y Futuro, que dialogan, se escuchan. Así surge la rememoración, el compromiso ético de la memoria".
Memoria como imperativo ético
"Mayorga nos recuerda que también nosotros estamos llamados a ser cartógrafos de la memoria. Dibujar un mapa es comprometerse con la búsqueda de sentido, es decidir qué merece ser recordado y qué no debe repetirse. Como apunta Gutiérrez Carbajo en su brillante edición crítica de la obra de Mayorga, a Juan Mayorga le preocupa mucho dejar testimonio de la historia, de los tiempos que han trazado nuestra trayectoria vital porque, como diría Emilio Lledó, 'somos lo que hemos sido', que se completa con la afirmación de Caballero Bonald: 'Somos el tiempo que nos queda'. En esta sociedad hiperventilada, es necesario, por tanto, traer el tiempo pasado a alterar nuestro presente, hacer contemporáneos los hechos pasados posibles de nuestro propio tiempo, para, en definitiva, vencer al dominio del tiempo cronológico de la superación y dejar ser a la posibilidad de eso que Benjamin llamaba 'Tiempo Mesiánico' (Deja ser a la ausencia que, como un rayo o un fogonazo, puede entrar en cualquier momento por cualquier apertura de la Historia y del Lenguaje)".
La mentira: la postverdad
Expuso el rector de la UNED que no todos los mapas conducen a la verdad. "En Himmelweg (Camino del cielo), el lenguaje mismo se convierte en un mapa falso, una cartografía del engaño. Allí el mapa es instrumento de mentira, y el teatro, perversamente, se convierte en cómplice de la falsificación. Frente a ese mapa de la desmemoria, nuestro mapa de la Esperanza levanta su propia cartografía de la verdad, tejida con las coordenadas del rigor, la coherencia y la exactitud. En un intento de ocultar, banalizar y maquillar la realidad, asistimos a la imposición de una pretendida corrección política que, lejos de enriquecer el debate, se convierte en una nueva y sutil forma de censura. Esta amenaza no es un hecho aislado, sino un síntoma de un mal mayor: el avance indiscriminado de la pseudoinformación acrítica, fruto del adanismo, prepotente e ignorante y la falta de rigor". Por ello, declaró, "a nosotros en este momento nos corresponde, mediante el método científico, aportar la luz precisa para impedir que el oscurantismo se imponga, que la mentira enseñoree la opinión pública y la falta de rigor prevalezca sobre el conocimiento empírico. En este sentido, quizá convenga recordar la reflexión de Machado, quien, con suma clarividencia, afirmaba que 'para nosotros, difundir y defender la cultura son una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante'. Y apelo a que mantengamos viva esta conciencia vigilante para interpretar la vida y defender inequívocamente y colaborar en la regeneración de los ideales humanos que conforman el patrimonio moral y cultural de las sociedades".
Palabra y paz
En el mapa de la esperanza racional que el rector fue diseñando siguiendo el pensamiento de Mayorga, "late el papel demiúrgico de la palabra racional y democrática. En el siglo V a. C., el formidable sofista Gorgias escribió: 'la palabra es un poderoso soberano; con un cuerpo pequeñísimo y del todo invisible, ejecuta las obras más divinas: quitar el miedo, desvanecer el dolor, infundir alegría y aumentar la compasión». Y manifestó que estas ideas resuenan en la obra de Mayorga, "quien subraya el valor de la palabra que domina la escena 'no es aquella que todo lo dice porque todo lo sabe, sino una palabra insuficiente y dañada. Una palabra herida, incapaz de hacerse cargo de este mundo, y sin embargo, capaz de mostrar -más que de decir- otros mundos… En las fronteras de nuestro lenguaje se hacen visibles otros lenguajes, otros mundos. No es opacidad, sino una nueva transparencia lo que llega a escena".
Según Mairal Usón, "en esta sociedad que cada día se asemeja más a un acelerador de partículas, esa palabra 'insuficiente y dañada' abierta a nuevos mundos y posibilidades es una coordenada esencial de nuestro mapa de la Esperanza. Esta palabra racional y democrática permite tejer alianzas y pactos en torno a las culturas de la no violencia, la no discriminación fanática, el respeto, la tolerancia, la paz, y hasta el carácter de la moderación reflexiva, mediada y calma, que reclama el tiempo del sosiego en la lectura y el estudio. Igualmente, esa palabra racional y democrática que nos permite tomar conciencia del cuidado de la Diferencia, de la Alteridad, sirviendo como última frontera – lo podemos decir sin jactancia- frente a proyectos que pretenden socavar el pensamiento crítico, restringiendo no solo libertades y derechos, sino también el poder de la imaginación creativa y la curiosidad intelectual. En suma, la palabra constituye el mejor antídoto frente a la arrogancia, la soberbia, la sevicia, la inmediatez precipitada de los juicios, la apatía cómplice e incluso el narcisismo pusilánime, que pisotean los jardines de la palabra incurriendo en el desprestigio de la bondad y quebrantando los mejores sentimientos de los que la humanidad, en tantos momentos de la historia, ha hecho gala".
El silencio
Advierte en su discurso el rector de la UNED que no debemos sorprendernos por el hecho de que este mapa de la Esperanza racional que traza el ponente "nos lleve inexorablemente desde la palabra a su reverso, el silencio. Conviene recordar a Octavio Paz cuando nos dice que la palabra es hija del silencio: 'nace de sus profundidades, aparece por un instante y regresa a sus abismos".
"Mayorga nos recordó que 'el teatro, arte de la palabra, es también el arte del silencio. En teatro, el silencio se escucha. Se pronuncia' y añade 'el teatro, encuentra en silencio, la más conflictiva de sus palabras: esa que puede enfrentarse a todas las demás".
Si Mayorga sostiene que el silencio también es una respuesta, dice Mairal que "el silencio sostiene, como un suelo invisible, el inmenso edificio del lenguaje. De él brota la palabra justa, la palabra que no busca imponerse sino revelar. Por eso, en este mapa que comparto con Uds., hablar es siempre un acto de riesgo, y callar, una forma de pensamiento. Ya Mayorga nos advirtió de una anfibología solo dirimible por el contexto diferencial, entre 'El guardar silencio' al que obliga e impone el poder autoritario que no imagina ni consiente contestación, como en La Casa de Bernarda Alba; y 'El guardar silencio' que resguarda y ampara lo sagrado indisponible y no instrumentalizable: lo indecible y su misterio… en el silencio".
"En nuestro mapa, se entrecruzan la memoria, la palabra y el silencio, la emoción y el corazón: la palabra que nombra y el silencio que permite oír lo que aún no tiene nombre. Si la palabra dibuja los contornos del mundo, el silencio lo llena de profundidad. Ambos —palabra y silencio— son las coordenadas de una geografía que no pertenece al pasado ni al futuro, sino a la posibilidad misma de la esperanza", señaló el rector en este importante acto académico en la UNED.
La sesión académica revistió solemnidad también por los interludios amenizados por el Coro y orquestra de la UNED, que interpretaron varias piezas clásicas con varios instrumentos. Al término del acto académico, Juan Antonio Mayorga Ruano estampó su dedicatoria y firma en el Libro de Honor de la UNED, y lo mismo hizo el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, ambos ante la atenta mirada del rector y de la secretaria general de la universidad. El primero firmó, además, un ejemplar de su tesis doctoral que se guarda en la UNED, así como algunos libros que contienen su producción teatral. Este momento de las firmas tuvo lugar en una sala de la Facultad de Filología de la UNED, que es quien propuso este doctorado honorífico para Mayorga.
En este acto Ourense estuvo presente con la asistencia del director de UNED Ourense, doctor Jesús Manuel García, que saludó y dio la enhorabuena al nuevo Honoris Causa. La sesión remató con un vino de confraternización entre toda la comunidad académica allí congregada.

UNED Ourense
Comunicación
Fotos: Laura Hurtado

